lunes, 11 de enero de 2010

Ocurrencias: La vendedora de flores (con ayuditas, quién no...)



Hola, he estado un poco alejada de los blogs últimamente. Porfis, perdónenme. Intento visitarlos poco a poco, intento responder a sus comentarios... pero a veces no tengo tiempo.
Pero como no quiero que se olviden de este espacio... trataré de retomar el ritmo. Como me está costando hacer mis dibujitos... les dejo esta intervención que le dedico a mi amiga Eva. una chilena que adora las "calas", léase los cartuchos (para los chapines)... es decir, esas flores que ven aquí. Se trata de un cuadro del gran Diego Rivera. El guiño se debe a que estoy haciendo trampa porque atrás alguien me está ayudando con la carga.
Un apapacho grande y florido.

miércoles, 6 de enero de 2010

Reyes y magos


Hace un año publiqué esta misma historia con esta misma ilustración. Y bueee, me gusta tanto que la vuelvo a publicar hoy, Día de Reyes.


No es porque sea mi familia, ¿o tal vez si? pero la considero muy especial. Ya les he dicho que el mío era un hogar integrado donde se respiraba mucho amor.
Mis papás nos hicieron creer en Santa, en el ratón de los dientes, en los reyes magos, etc. Creo que nosotras (mis hermanas y yo) vivíamos como en Disneylandia…
Hoy les contaré cómo fue que hicimos que todos los vecinos creyeran en los reyes magos.
Nosotras éramos muy amigueras. Mi casa siempre fue el punto de encuentro de muchos vecinitos que llegaban a jugar. Las hijas de la señora de la tienda de enfrente, los hijos de la que vendía tortillas, las hijas del carpintero, y muchos otros niños y niñas que vivían en las casas vecinas se daban cita en mi casa a lo largo del año y no digamos en las vacaciones.
Un lejano año de la década de los 70, luego de la navidad y el año nuevo, cuando se acercaba el día de Reyes, platicábamos con nuestra legión de vecinos y les preguntamos si estaban listos para recibir a los reyes magos. ¿Y a qué llegan a las casas? Preguntaban nuestros interlocutores extrañados. Ellos sabían que los reyes magos habían existido hace cientos de años y habían llegado a Belén a dejarle regalos al niño dios, pero no sabían que seguían vivos y que incluso llegaban a las casas de los niños comunes a dejarles dulces y regalos siempre que dejaran los zapatos bajo el árbol.
- A mi casa no llegan, decían unos
- A la nuestra tampoco, decían otros
Nosotras simplemente no lo podíamos creer. ¿Cómo era posible que viviendo tan cerca no les dejaran regalos a ellos también?
- Debe ser porque ustedes no dejan sus zapatos debajo del árbol, pensábamos
Así que les dijimos que llevaran todos sus zapatos y que los dejaran debajo de nuestro árbol, así los reyes magos se darían cuenta de que había más niños y les dejarían sus regalos.
Como éramos pequeñas y despreocupadas, no puedo recordar la cara de mi pobre mamá cuando le dimos la buena nueva de que una legión de muchachitos llevaría sus zapatos a la casa el día de reyes. Y tampoco puedo imaginar la cara de mi papá cuando mi mamá le transmitió la decisión de sus hijas.
Por supuesto que mis padres no se negaron y quién sabe con cuánto sacrificio consiguieron juguetitos y dulces para todos, incluso para el enésimo hijo de la señora de las tortillas, bebito que tenía sólo unos días de nacido.
En la víspera del seis de enero, no sé cuántos niños llegaron a mi casa para dejar bajo el árbol sus zapatitos viejos, algunos llegaron incrédulos y otros llenos de emoción.
El día de reyes todos los pares de zapatos amanecieron con obsequios y golosinas. Deben haber sido juguetes muy sencillos, pero cuando uno es niño es feliz con lo que le den.
Desde aquel día, cada año (durante no sé cuántos años) muchos vecinos siguieron llevando sus zapatos a casa.
Menos mal crecimos (dentro de nuestras limitaciones genéticas, claro está) y dejamos de dejar nuestros zapatos y los de los demás para alivio del bolsillo de mis padres. Pero cuando recuerdo aquellos días no puedo dejar de pensar que mis papás quizás no sean santos, pero sí son unos reyes y, además, magos.

domingo, 3 de enero de 2010

¿De qué estamos hablando?

Hola, para variar, no programé debidamente la historia y por eso sólo se publicó en mis dibujitos... en fin, aquí les va. Está un poco larga, pero creo que vale la pena leerla y llegar hasta el final. Parece de película.
Apapachos, y mil disculpas por el lapsus.
Si alguien cree que yo soy la más despistada del mundo mundial, déjenme contarles que mi hermana B. me hace la competencia…
Hace apenas unos meses mi hermana vivió la situación que hoy les cuento (por supuesto que le pedí permiso para contar esta historia).
Resulta que uno de sus hijos se hizo papá muy jovencito. La situación, como es de imaginar, fue un poco difícil. Finalmente, cuando la bebé estaba por cumplir dos años, mi sobrino y su novia decidieron vivir juntos en la casa de los padres de ella.
Una noche que mi hermana llegó de visita (recién trasladado mi sobrino a aquella casa), la mamá de la chica le comentó:
-Ya decidimos, se casan en agosto.
A mi hermana esta frase le cayó como balde de agua fría, pero intentó mantener la calma y la sonrisa No. 23.
-¿Ah, si? ¡Qué bueno!, respondió.
- Sí, mi esposo y yo vamos a ser los padrinos… agregó la señora
Aunque en un principio no le agradó, mi hermana pensó “bueno, son un matrimonio unido, está bien”, pero ya los intestinos empezaban a formar una trenza en su interior.
-Además, agregó la mujer, la misa va a ser en la iglesia X.
En ese momento, mi sobrino dijo:
- Nosotros queríamos que fuera en la iglesia Y…
Pero la suegra lo interrumpió diciendo:
-Sí, pero es mejor la X y por eso va a ser allí.
Para entonces, mi hermana estaba “para balazos”, pero siempre con la sonrisa 23 a flor de labios.
Como guinda, la señora le dijo que la boda se realizaría en X fecha, justo para el cumpleaños de mi hermana. Ah, no, mi hermana estaba al borde de un ataque de histeria, pero se contuvo. Dijo alegrarse de que ya todo estuviera planificado y se despidió muy cordialmente.
Por supuesto que al salir estalló en llanto y soltó todo su enojo. Pasó toda la noche y la mañana siguiente llorando y comentándolo con mi sobrina y con otra amiga que vive con ella y que estuvo presente durante la conversación con la “consuegra”.
En la mañana, estaba llorando y quejándose de que no se le hubiera tomado en cuenta para nada. Hacía planes para celebrar su cumpleaños y así no estar en la boda, total, al parecer nadie había pensado en ella.
En ese momento entró mi sobrino a la casa.
-¿Cómo estás, mama?
-¡Cómo voy a estar! Enojada, me ignoraron completamente para lo de la boda, no les importó mi opinión.
-Ay mama, pero no te enojés…
-¿Cómo? ¿Te parece que no tengo razones para enojarme? Encima, me molestó muchísimo que dejaras que pasara por encima de la opinión de ustedes de que la boda fuera en la iglesia X
-Ay, mama, pero si a ellos les gusta más la otra, nosotros no teníamos nada que opinar allí…
-¿Ah, no? Esto es el colmo, si así estás empezando, ya me imagino cómo te vas a dejar manejar en la vida. Ni siquiera se pusieron a pensar si yo tenía planes para mi cumpleaños. Pues yo ya tenía planes para esa fecha y voy a celebrar mi cumpleaños, así que no cuenten conmigo.
-Está bien, mama, no vayás, no tenés obligación de estar allí. Si no querés, no vayás.
Ah, no, esto sí que rebalsó el vaso. Mi hermana estaba a punto de un síncope.
-¿No te importa que tu madre no vaya a tu propa boda?, estalló casi en llanto.
-¿Yo? Pero si yo no me voy a casar. El que se casa es el Fulanito, hermano de la mamá de mi novia…
¡Plop! Y recontra ¡PLOP!
En ese momento, mi hermana recordó que meses antes, la consuegra le había hablado para que amenizara la misa de la boda de su hermano, ya que a eso se dedica B profesionalmente.
En fin, la mamá de la novia de mi sobrino pensó que estaba retomando aquella conversación. En tanto que mi hermana tenía muy reciente el traslado de su hijo a la casa de su novia para empezar una vida marital.

sábado, 2 de enero de 2010

Calendario citadino

Queridos todos,
Quisiera empezar el año con un post mágico. Gracias a mi hada Madrina, Lujo, tengo un calendario de este hermoso 2010 hecho con ¡mis dibujitos!
Ay, qué idea más linda la de Lujo, me hace sentir feliz. Quiero compartir con ustedes este regalo. Lo pueden tener en su compu para consultas o lo pueden imprimir si lo desean.
Entiendo que si desean una versión más pequeña, pueden pinchar en este enlace.
Gracias, Lu, por el magnífico regalo. Espero que lo disfruten.
Apapachos calendarizados.

jueves, 31 de diciembre de 2009

¡Bienvenido 2010!


Esta noche, cuando los relojes marquen las 0:00 horas, cuando pasemos la página de un día a otro, un mes a otro, un año a otro, comeré (como es tradición) una a una 12 uvas. Por cada una pediré un deseo, estén seguros de que al menos uno de ellos se relaciona con ustedes.
Mientras, tomo mi copa y brindo por este hermoso año que nos ha dejado tantos gratos recuerdos, tantas lecciones, tantos aprendizajes. Brindo por la vida y por la felicidad.
Un abrazo a cada uno de ustedes y mis mejores deseos porque este año que estrenaremos venga cargado de mucha dicha, prosperidad, sabiduría y sobre todo, como dice W. Mercado...: mucho, mucho AMORRRRRR
¡Feliz 2010!

martes, 29 de diciembre de 2009

Un ardiente Año Nuevo

Hola a todos


Como imaginarán, este fin de año ha estado un poco movido, por eso he andado semidesaparecida. Pero no quiero terminar el año sin antes compartir con ustedes una historia que nos envió Maribel de Morales.
Como he dicho antes, las historias de Maribel y su familia son muy parecidas a las de mi familia... pero creo que en mi casa, a pesar de que casi todas mis hermanas eran piromaníáticas, nunca llegamos a estos extremos (...creo).
Los dejo con Maribel y los espero el 31 para que brindemos por un venturoso año 2010.
Apapachos, mil

Casi siempre en mis historias soy una expectante pasiva, en esta ocasión muy a mi pesar, soy la protagonista de un incidente con el que iniciamos un Año Nuevo poco usual.

No recuerdo bien cuántos años tenía en ese entonces, pero serían menos de 7.  Mi abuelita pasaba las fiestas navideñas y las de fin de año con nosotros desde que tengo uso de razón hasta que dejó de hacerlo unos pocos años antes de su muerte.  Era un personaje muy importante, ya fuera por sus ocurrencias, alegría, detalles para con los nietos, en fin, alguien decía que la  Navidad no estaba completa sin “la abuelita”.

Siguiendo nuestras tradiciones, hacíamos arbolito navideño y en el piso se hacía en nacimiento, adornado minuciosamente con figuras de barro, ranchitos, fuentes, ríos y el lugar más importante era para los Niños Jesús (eran 3) que se disponían de la mejor forma en el nacimiento para que cada uno fuera el más visto en este bello paisaje.

Se les vestía con trajecitos hechos especialmente para la ocasión, siendo ésta vez, unos vestidos en ganchillo y que en la parte de afuera tenían algodón de vivos colores con adornos muy bonitos.  Usaban gorrito y escarpines y en año nuevo se les sentaba en una sillita de madera laboriosamente tallada para ellos.

El arbolito era sin hojas, como estaba seco, se pintaba con pintura plateada en aerosol y se decoraba con esferas y figuras propias de la época.  Como en nuestros países tropicales no tenemos nieve en ninguna época del año, salvo en las cumbres muy altas que muy de vez en cuando cae escarcha, nos gustaba imaginar que nuestro arbolito tenía nieve, ya fuera con nieve artificial o con algodón blanco.

Junto al nacimiento se ponían veladoras, que se encendían a la media noche, justo cuando era el cambio de año y se rezaba por todos nuestros familiares y conocidos, deseando que ese año fuera mejor que el anterior.

Compraban para estos festejos cohetillos, estrellitas, bombas de luces, etc., todo para celebrar.  A mí me compraron las famosas estrellitas y como era chica no podía ni usar vela para encenderla y mucho menos un cigarrillo con el cual se encendían los cohetillos.  Así que mi abuelita con su buena intención e inocencia, me dijo que encendiera mi estrellita en la veladora del nacimiento.  Y vengo y le hago caso y una chispa cae en el algodón del arbolito y empieza a quemarse estrepitosamente todo lo que allí había. Cuando vimos semejante incendio todos los que estaban en la sala empezaron a gritar y se le unieron los que estaban fuera.  Como no podían apagar el arbolito el fuego ganó terreno y se pasó a la cortina de la ventana que estaba cerca, mi tía gritaba primero por el árbol, luego subió de tono cuando vio la cortina en llamas y por último los vestidos de los Niños Jesús, que también se habían encendido.

En un acto de desesperación vino mi tío temblores –que creo que con todas las cosas que nos pasaban, ya estaba entrenándose como bombero- arrancó literalmente el árbol del nacimiento con las series de luces colgando y lo sacó a la calle.  Menos mal que había una puerta muy cerca y conveniente, ya que el fuego no se apagaba.  Al fin lograron controlar el incendio y rescatar a los Niños Jesús que a pesar de que les quitaron sus vestidos, sufrieron daños considerables que ameritaron llevarlos a reparar.

Después de haber pedido cuentas de cómo sucedieron los hechos, creo que la única regañada en esta ocasión fue mi pobre abuelita, por haber dado el consejo a su nieta de encender la estrellita en la veladora.  Me recuerdo que lo único que hice fue solidarizarme con mi abuelita y lloramos juntas por haber hecho la travesura y también en agradecimiento a Dios de que ¡no quemamos la casa!.

Creo que los vecinos al ver el espectáculo dirían que éramos unos exagerados para celebrar, pues en lugar de quemar cohetillos y bombas de luces, quemábamos árboles adornados para recibir al Año Nuevo.




jueves, 24 de diciembre de 2009

Feliz Navidad

Hoy es un día especial para muchas personas en diferentes partes del mundo. Para mí también lo es.

Mis hijas y yo (y el Juanito, nuestro poodle) queremos desearles unas tranquilas y felices fiestas en compañía de sus seres queridos.
En estos días será difícil que publique alguna entrada o que visite sus blogs. Pero la próxima semana volveré con más historias.
Apapachos cariñosos.

P.D.
Si desean leer algunas historias navideñas, les dejo algunos enlaces de la navidad pasada.
Alucinación colectiva
Experiencias sobrenaturales
En las piernas de Santa