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miércoles, 28 de abril de 2010

Los últimos dos "Milán" sobre la faz de la Tierra

Si yo hubiera sido algún personaje de cuento, seguramente me habría tocado ser Grethel (de "Hansel y Grethel") por despistada y golosa (adoro las golosinas, principalmente los chocolates).
Ay, esta debilidad mía de no poder resistirme a la tentación de un chocolate, de sucumbir fácilmente ante sus dulces encantos, me llevó a protagonizar la historia que hoy les cuento y que me llena de remordimientos... snif, snif...
Hace tres años (2007) mi querida Mau (mi hija mayor) dejó en la mesa del comedor dos barritas de chocolate "Milán" (de la Gallito). Pasaron dos o tres días y aquel par de barritas envueltas en papel dorado me hacían guiños que no podía pasar por alto.
Finalmente, convencida de que podía reponer en cualquier momento aquel par de golosinas y aprovechando que estaba sola en casa, tomé la primer tableta entre las manos y la despojé de su brillante envoltorio. Como si de una adicta se tratara (en realidad se trataba de una adicta) me la llevé a la boca con prisa y dejé que mis papilas gustativas brincaran de felicidad al contacto con su dulce sabor. Mmmmmmmmmmmmmmmmm bocado de los dioses... en menos de un minuto la había hecho desaparecer y, antes de engullir el último bocado, ya mis manos se habían encargado de quitarle el envoltorio a la segunda barrita. Ésta desapareció también como por arte de magia.
Unos días después, mi Mau me preguntó por las barritas. Y yo no tuve más remedio que reconocer que me las había comido, pero le ofrecí reponérselas en ese instante. Le dije que le daría dinero para que las comprara en alguna tienda de nuestra colonia. Entonces mi Mau me contó que ese par de chocolatitos los había comprado en una tiendecita de una colonia cerca de Montserrat, que eran las dos últimas barritas Milán que tenían allí. Que incluso como no llevaba dinero, la tía de su amiga Gaby le había prestado para comprarlas... que en ninguna tienda de la colonia las vendían. Y que tampoco me molestara por buscar en el supermercado, por la casa de mi mamá, mi trabajo o cualquier otro lugar a donde fuera... nunca más había vuelto a verlas.
Desde entonces, me he dado a la tarea de buscar en cualquier tienda por donde pase. Llevo tres años sin poder encontrar ni media barrita y, por supuesto, el peso de mi culpa cada día es más grande al comprobar que me comí las dos últimas barritas Milán sobre la faz de la Tierra.

p.d.
Si alguien de Guatemala sabe dónde venden, por favor cómpreme las que pueda, yo se las pago, voy a donde me digan con tal de reponérselas a la Mau y, si fuera posible, de volverle a dar a mi paladar una probadita de los famosos chocolates.

sábado, 28 de noviembre de 2009

Nancy y Harry Potter o La magia de los blogs



¿Quién dice que la magia no existe? Quien así lo diga será porque no conoce los blogs... estas lámparas mágicas que guardan los sueños y la magia de muchas hadas, duendes y magos que navegan dejando una estela de maravillosas sensaciones en el ciberespacio.
Una de las situaciones más increíbles que he vivido en la blogósfera ha sido que Leonel, del blog Ingeniería simple, quien también participa en Guateciencia, se inspirara en un post que publiqué hace tiempo para convertirme en el personaje de una aventura de Harry Potter. Su texto, titulado Harry Potter y la brujita bloguera es un Fanfic*, el cual es el primer documento que publica en su nuevo blog Afición a la ficción y cuyos capítulos irán apareciendo diariamente, con excepción de los domingos.
Es una historia muy entretenida, amena y muy al estilo de Harry Potter. Realmente estoy encantada de ser esa brujita. Además, hay muchos elementos de mi vida que aparecen en la historia, incluido mi querido y adorado Súper Chevy.



*Para quienes, al igual que yo, padezcan de una enorme ignorancia respecto de lo "Fanfic", les copio lo que encontré en la wikipedia (si bien no es fuente que recomiende, creo que la explicación sí es acertada):
La/el fanfiction o fan fiction (literalmente, "ficción de fans"), a menudo abreviada fanfic o simplemente fic, son relatos de ficción escritos por fans de una película, novela, programa de televisión o cualquier otra obra literaria o dramática. En estos relatos se utilizan los personajes, situaciones y ambientes descritos en la historia original y se desarrollan nuevos papeles para estos personajes. El término fanfiction hace referencia tanto al conjunto de todos estos relatos como a uno en concreto, según el contexto.
Le agradezco a Leonel y a su hermosa familia, principalmente a su nena Sofía (que ayudó con las ilustraciones), por este hermoso regalo. Los invito a leer la historia y a no perderse las otras muchas que sin duda alguna seguirá publicando este inquieto y polifacético guatemalteco.
Si desean ir leyendo capítulo por capítulo, pueden hacerlo en Afición a la ficción. Si desean leer el texto completo, pero sin ilustraciones, pueden ir a PotterFics.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

José María Vargas Vila o, mi primer club de lectura


Desde pequeña me gustó leer. Mi primer libro (mío de mi propiedad, no comunitario como lo eran casi todos los libros de cuentos que tenía que compartir con mis hermanas) se llamaba "El caballo de Troya" y fue un primer encuentro con la mitología griega y romana, y con mi queridísimo Homero.
Luego vino Corazón, de Edmundo de Amicis y todos los de Louisa May Alcott y Julio Verne. En fin... pero siempre mis lecturas fueron solitarias. Mis hermanas preferían jugar beisbol, así que no tenia con quien comentar los libros.
Durante toda la primaria una de mis mejores amigas fue Dorita, con ella estudiábamos mucho y hacíamos tareas juntas. Éramos muy afines.
Recuerdo que el día que empezamos la educación secundaria (estábamos por cumplir los 13 años) el director del instituto nos dio la bienvenida. Entre su largo discurso hubo algo que aún recuerdo como si hubiera sido ayer: "Aquí tienen una biblioteca, aprovéchenla. Lean... bla, bla, bla" y agregó las palabras mágicas:"pero tengan cuidado con lo que leen, ni se les ocurra leer libros como los de Vargas Vila... bla, bla, bla". 
El bla, bla, bla, era algo así como un energúmeno, un monstruo, alguien con ideas terribles... Así es que "dicho y hecho"... En ese momento Dorita y yo nos pusimos "ojipláticas", como diría Lujo. Se nos iluminó el rostro e inmediatamente después de la cordial bienvenida, lo primero que hicimos fue comentar el dichoso "comentario".
- "Mi papá tiene los libros de ese Vargas Vila, he visto que los guarda aparte", dijo Dorita.
- "Pues bien, vas a tener que ir a buscarlos porque TENEMOS que leerlo", acoté.
El primer libro del tal Vargas Vila que cayó en mis manos fue (afortunadamente, creo) "Aura o las violetas"... una historia de amor... una tragedia... ah, pero ideal para un par de adolescentes soñadoras. Luego vendrían otras lecturas que, ahora entiendo, fueron fundamentales para hacer de mí la persona ecléctica, bipolar, contradictoria, paradójica y sksksk (no encuentro la palabra que quería poner aquí), que soy: Ibis, La ubre de la loba, Flor de fango, Alba roja, Saudades tácitas, Archipiélago sonoro... Y algunos años después: Lirio blanco, Lirio rojo, Lirio negro, La tragedia del Cristo (o María Magadalena), Ante los bárbaros... y un largo etcétera que no recuerdo.
Descubrí que en mi casa también había libros de Vargas Vila y luego, de distintas maneras llegamos a otros más. Aquel primer año de secundaria tuve, pues, mi primer club de lectura. Un club al que pertenecíamos dos personitas nada más. Algunas cosas nos asustaban y otras me hacían mucho sentido (digo "me", porque creo que a Dorita sólo la asustaban). 
Y bueeee, no sé Dorita, pero yo seguí leyendo a Vargas Vila por muchos años. 
Incluso cuando me casé descubrí que mi ex también lo había leído y sentía una profunda admiración por su obra, por sus ideas, por su carácter irreverente e iconoclasta y por su rebeldía. Tuvimos muchas largas horas para hablar de ese autor colombiano tan fecundo, rebelde, odiado por muchos y admirado por otros tantos más.
Yo conservo una colección de libros de Vargas Vila que perteneció a mi ex suegro. La guardo aparte, en un lugar muy especial. No hay problema si  mis hijas quisieran leerlo, pero sé que no lo harán porque no soportarían su estilo tan adornado (recuerdo que siempre pensé que su palabra favorita era "voluptuoso").  Lo guardo más bien como un tesoro.
Si alguna vez alguien quisiera psicoanalizarme, entenderme, explicarme, creo que mucho de lo que soy está entre esas páginas amarillentas por el tiempo.
Y bueee, si esperaban una historia divertida, lo siento, será otro día. Hoy sólo quería rendirle un pequeño homenaje a don José María Vargas Vila.
Apapachos y gracias por venir.

domingo, 8 de noviembre de 2009

Un regalo de Cass


No tengo palabras para explicar todas las cosas buenas que la blogósfera ha traído a mi vida. Recientemente Diana lo dijo muy parecido a lo que yo pienso. Y también, de alguna manera, algo había comentado yo en mi primer post en El Sur también existe. 
Y es que a pesar de la distancia física, este medio nos acerca a personas con quienes nos llegamos a identificar mucho. Esto me pasó con Cass, una escritora uruguaya que tiene blogs verdaderamente mágicos, llenos de buena vibra.
A ella le dediqué mi segundo post en ese blog, porque sus ojos fueron capaces de captar la magia con la que yo veo "el fin del mundo", ese pedacito de tierra donde está ubicada mi casita de cuento. 

Cass me regaló hace unos días su visión del camino a mi casa. Esta es su versión, la cual ya enmarqué.
Gracias Cass, apapachos.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Post data a la casa de la tercera avenida



Para abonar al tema de la casa de la que hablé el viernes pasado, donde ocurrieron extrañas situaciones paranormales, quisiera contarles algo que me ocurrió allí siendo yo aún muy pequeñita.
Debo haber tenido unos 5 ó 6 añitos, pero lo que me pasó se quedó tan grabado que cuando lo recuerdo viene a mi memoria muy fresco, como si hubiera sido ayer.
Lo cuento hoy lunes y no un viernes ya que no necesariamente se trata de algo paranormal o de terror.
Aquella era una casa que tenía un gran zaguán en la entrada y un largo corredor, a lo largo del cual se distribuían las habitaciones. Además, en medio, dividiendo los dos patios, estaba el comedor.
Recuerdo que yo estaba sola jugando en uno de los patios, tenía la carita apuntando hacia el suelo (quizá estaba jugando con las hormigas) cuando de pronto algo golpeó mi boca. Fue como si desde el suelo me hubieran lanzado con fuerza una moneda de un centavo. Pudo haber caído desde lo alto y luego rebotar hacia mi boca, pero resulta que, en primer lugar, no había nadie cerca que pudiera haberla lanzado… y en segundo lugar, nunca escuché el rebote. Fue, como les digo, como si la moneda hubiera sido lanzada desde el piso… ¡imposible, ilógico, increíble! Ya lo sé.
Vi hacia el techo pero no había nadie. Además, era un techo de láminas, se hubiera escuchado si alguien hubiera estado arriba.
Tomé la moneda observé la efigie de Fray Bartolomé de las Casas. Me dio miedo, en ese momento me dio mucho miedo. Lo vi como un monstruo, como un ser despreciable y malo… y amenazador.
A pesar de que era pequeña, tenía la certeza de que como era algo ilógico nadie me iba a entender si lo contaba, así es que creo que no se lo conté a nadie.
Esa misma noche tuve una pesadilla con Las Casas. Soñé que él estaba en mi casa, sentado sobre unas cajas de aguas (gaseosas) que estaban en la cocina. Me estaba esperando con una horrible cara de maldad. Supongo que ni corta ni perezosa me fui a meter entre mis papás.
La pesadilla fue recurrente, me persiguió por muchos años. Hasta que, finalmente, desapareció de mi vida aunque el recuerdo quedó imborrable, como tatuado en mi memoria. Este fin de semana, el sábado, cuando estábamos picando la verdura para el fiambre (mmmm) le pregunté a mi mamá qué otras cosas habían ocurrido en aquella casa. Su respuesta me dejó helada, pero me la guardaré para algún otro viernes. Eso sí, entre otros fenómenos "menores", mencionó que a varias personas "les habían arrojado monedas" ¡Plop!

miércoles, 28 de octubre de 2009

Pescuezo de pollo
O de por qué para mí es un insulto el arroz con pollo



Dicen que cuando uno tiene problemas con algo, a pesar de que en apariencia no los debería haber, hay que remontarse a la historia personal para averiguar el origen de dichos problemas.
Pues bien, a pesar de que ya me he confesado melindrosa, hay una comida que definitivamente no tolero. No es que no me guste, simplemente. Mi problema iba más allá del melindre. Para mí que alguien me ofrezca arroz con pollo es prácticamente que me insulte. Así de simple.
En un principio yo pensaba que mi problema era puro melindre. Pero con el paso del tiempo, cuando alguien me invitaba a comer, me sentía obligada a decir: Por favor, cualquier cosa que no sea arroz con pollo. 
Peor aún, si quien iba a preparar la comida era persona de mi absoluta confianza, le advertía: Por favor, si me das arroz con pollo lo consideraré un insulto; o, si quieres conservar mi amistad, no me des arroz con pollo.
Necesitaba advertirlo, no me pregunten por qué.
Lo cierto es que el año pasado escuché en la radio a algún psicólogo hablar de estas fijaciones, así que hurgando en mi pasado pude vincular la historia que hoy les cuento con mi incómoda advertencia sobre el arroz con pollo.
Sucede que cuando yo era niña, quizás tendría unos diez u once añitos, fuimos un día de visita a casa de unos tíos en Quetzaltenango. En esa ocasión mi tía C (me reservaré el nombre) preparó un arroz con pollo que olía delicioso. Nos sentamos primero las niñas a la mesa (éramos cinco hermanas, los grandes debían esperar su turno porque el comedor no daba para tantos comensales) y mi tía nos fue sirviendo. Creo que estaba molesta conmigo o algo así. Lo cierto es que al momento de servirme percibí un dejo de enojo en su mirada y en la selección de la pieza de pollo que acompañaría mi plato.
Yo muy ingenuamente le pregunté ¿Me podrías cambiar la pieza de pollo? Es que no me gusta el pescuezo (Guácala, pensé).
Ella hizo como si no me escuchó y siguió sirviendo. Luego dijo con tono serio: "Se lo comen todo".
Yo no pude. Definitivamente no pude. Ver la cara sin pico del pobre animal solo anunciaba pesadilla segura. Recuerdo cómo las lágrimas empezaron a brotar  despacito y a dejar una huella tibia sobre mi mejilla mientras caían.
Mi tía se molestó mucho conmigo. No recuerdo si mis padres me regañaron, lo cierto es que no probé bocado. Hubiera preferido cualquier castigo, cualquier tortura antes que tragarme aquella comida. De ahí mi aversión hacia el arroz con pollo, tan típico y popular por estos lares.
Ahora que conozco el origen de mi problema, trato de no decirle a los que amo que si me dan ese platillo lo consideraré un insulto. Pero, si puedo, les pido que me den cualquier cosa, menos eso.
No lo supero.

miércoles, 21 de octubre de 2009

Sopa de terror
O de por qué sólo cocino filete de pechuga en casa


La comida entra por lo ojos... Eso es algo que aprendí desde muy pequeñita, digamos que casi desde mi primer añito de vida.
Cuenta mi mamá que siendo yo aún una beba, un día que hizo sopa de pollo me sirvió un plato y le colocó una pata (no pierna, no muslo), una GARRA de pollo en medio. Mi progenitora supuso que yo tomaría la horrenda pieza mutilada y la disfrutaría como lo hacían los bebés de su época.
Cuando mi sopita estaba lista, me sentó en mi sillita de bebé para que la degustara.
Dice mi madre que en cuanto vi la garra asomar flotando con todos sus tenebrosos dedos engarabatados solté un grito desgarrador. Grité y grité sin parar hasta que retiraron de mi vista aquel lamentable platillo.
Y bueee, sí, es cierto: desde siempre he sido una melindrosa. Por esa razón, desde que yo tengo mi propia familia, cuando se trata de comer pollo, sólo cocino filete de pechuga. Nunca... NUNCA preparo ninguna otra pieza que me recuerde a alguna parte específica del cadáver del pobre animal.

domingo, 18 de octubre de 2009

Masaje relajante


No soy de las personas que frecuentan los "spa" y similares. Sin embargo, creo que debería de ir más seguido porque un masajito no le cae mal a nadie. Hay que consentirse de vez en cuando y sentirse como reina (o rey, según sea el caso).
Pues bien, esto me pasó hace unos meses, quizá un mes después de que me despidieran de mi trabajo (ya caigo mal con andar contando este asunto, jajaja, pero es necesario para que se comprenda el contexto de la historia).
Resulta que mi mejor amiga, Miriam, me propuso que nos diéramos un sauna y un masaje relajante, ambas lo necesitábamos. Así que accedí y nos fuimos a un lugar cercano a Miraflores.
Nos atendieron muy bien, con música, té, y  bueeee, como reinas. Yo pasé primero al sauna, mientras a mi amiga le daban el masaje y luego intercambiamos lugares.
Como debo haber sido taxista en alguna de mis anteriores vidas (y eso que no creo en la reencarnación) al momento del masaje me puse a platicar con la señora que daba el masaje: Que si los hijos, que si la casa, que si el trabajo... 
-Ah, le dije, es que yo acabo de quedarme sin trabajo.
- ¿En serio? preguntó, con un tono de angustia.
Y yo, creyendo que con ese tema el masaje sería más dedicado, agregué:
- Pues sí, si justo por eso estoy aquí.
Entonces, aquella mujer se transfiguró. Creo que se puso en mis zapatos y debe haber pensado que yo estaba al borde del suicidio o qué se yo.
Como si hubiera estado poseída, tomó mi pobre humanidad entre sus manos y me restregó con tal fuerza que no grité sólo porque me daba clavo. Como no tengo costumbre con los benditos masajes, pensé que estaba bien y que de plano dolería un poquito, pero después me sentiría como nueva.
La golpiza que me dio aquella buena mujer me dejó medio muerta. Terminé con tortícolis y dolor de hombros y espalda por varios días.
No es que no me preocupe haberme quedado sin trabajo, pero creo que tampoco es algo para morirse. Hay que tomar las cosas con calma. Lamentablemente creo que mi interlocutora debe haber sido de esas personas que entran en pánico y llevó su nivel de empatía a la N. Imagino que creyó que yo estaba muy muy mal y muy muy tensa y por eso me sangoloteó, exprimió y restregó como trapeador.
Snif, snif... solo de recordarlo me duele mi cuellito... ¡auch!

miércoles, 7 de octubre de 2009

El árbol mágico

Estamos a media semana y se me ocurrió contarles algo que acaba de suceder recientemente en mi casita.
Resulta que yo tengo un jardín mágico. Lo llamo así por muchas razones... y hace unas tres semanas tuvo lugar en él un fenómeno sorprendente.
Fue una noche de luna llena. Yo salí al patio de atrás (mi jardín mágico) para ver la luna. De inmediato me percaté de que un árbol que sembré allí hace unos seis años brillaba de manera especial. Creí que era el efecto de los rayos de luna sobre sus hojas, así que llamé a mis hijas para que salieran a ver cómo brillaba.
Todas las hojas del árbol tenían un resplandor plateado, era realmente un espectáculo maravilloso.
Pero ¿por qué las hojas de los demás árboles y plantas no brillaban igual?
No pudimos encontrar la respuesta. Lo cierto es que yo quise creer que era el brillo de la luna el que producía aquel efecto maravilloso. Mis hijas me insistieron, no mami, ese no es el brillo de luna. Es demasiado diferente...
Lamentablemente no pudimos tomar una fotografía... snif    :o(
Todas las noches salgo a ver ese árbol y no ha vuelto a brillar igual. Incluso la noche siguiente... aunque la luna seguía redonda y hermosa, no proyectaba esa extraordinaria luz sobre el árbol.
Para mí que realmente hay magia... aunque estoy obligada a preguntarme
¿Habrá radioactividad en mi casa?
¿Fue una alucinación colectiva?
¿Por qué el árbol no ha vuelto a brillar así?
¿Por qué no brillaron así el resto de plantas?
 A menos que algún agrónomo  o un biólogo o cualquier otro experto en la materia me lo explique, creo que nunca lo sabré. 
Como soy  optimista, seguiré saliendo cada noche y espero que mis ojos vuelvan algún día a encontrarse con algo parecido. Ya les contaré.

domingo, 27 de septiembre de 2009

Mi propio Pepe Le Pu (Despistada, no sé qué parte)


Hace algunos años tuve mi propio Pepe Le Pu. ¿Recuerdan a ese "zorrilló apestosó" que se hacía mil quesos para conquistar a una gatita, a la que él creía una zorrilla, pero que no le hacía caso?
Bueeee, despistada que soy. Las veces que me enteré que "me había tirado los chuchos" lo hice horas, e incluso días, después. Debe ser que el tipo no me agradaba ni me desataba la menor química. 
No sé si hubo otras historias que no llegaron a convertirse en anécdotas por el simple hecho de que yo siempre ando despistada. Lo cierto es que hay unas tres que recuerdo con una sonrisa pues muy muy tarde me daba cuenta de las intenciones del vecinito. Mejor así, porque, si no, hubiera sido muy incómodo mandarlo por un tubo.
Para quienes no lo saben, generalmente soy una buena samaritana que le da "jalón" a las personas que caminan por la calle de terracería que va de mi colonia hacia la civilización y viceversa. Pues bien, una noche que iba hacia mi casa encontré a un hombre que también se dirigía a mi colonia por la referida calle y quien cargaba una gran maleta. Como todo el que va por ese camino es porque va a mi colonia (no hay a dónde más ir), no tengo problemas en subirlo a mi súper Chevy y llevarlo. Y así lo hice con él.
Como buena despistada (sin contar que padezco de ceguera nocturna), casi nunca me fijo a quien le doy jalón. Así que el hombre se subió sin que yo supiera quién era, pero él sí me conocía porque me llamaba "doña Nancy". 
En el camino me contó que venía de trabajar en un lejano departamento, en un lugar donde sólo puede llegarse por aire. Hubo un accidente, así que en la avioneta donde él tenía que regresar tuvieron que traer a los heridos. Él había llamado a su familia para contarles que no podía regresar aquella tarde. Sin embargo, poco después llegó un helicóptero y hubo lugar para que él regresara a la capital por la noche. No tuvo tiempo de avisar a su gente que vendría a casa.
Noté que el vecino puso un énfasis distinto en su voz cuando dijo que su familia no lo esperaba... es más, lo repitió supongo que en espera de que yo reaccionara de alguna manera (pero esto lo entendí al día siguiente). 
Entonces yo, dentro de mi más cándido despiste, le respondí: 
-Pues ya ve, ahora su familia se va a poner muy contenta porque siempre sí regresó hoy a casa.
En ese momento noté un dejo de contrariedad en su rostro, pero tampoco entendí por qué. Lo cierto es que cuando le pregunté dónde vivía, me di cuenta de que se trataba de don Fulano y que su casa me quedaba en el camino, así que lo dejé justo frente a la puerta.
Bajó medio contrariado y se despidió.
Yo me fui muy contenta con mi obra buena del día. A la mañana siguiente recordé de nuevo la plática con aquel señor. Y até cabos. 
Don Fulano me había dicho que no había visto a mis hijas en esos días. Y yo, la bocona con patas, le respondí: -"es que se fueron a Honduras con su papá". 
Ay... ¡francamente! menos mal que ni me di por enterada de sus intenciones sino hasta el día siguiente, porque si no, lo dejo tirado a medio camino. jajaja

jueves, 17 de septiembre de 2009

Despistada (elevada a la potencia N)

No me considero una persona rencorosa y creo que en mi vida nunca he odiado a nadie (y espero no hacerlo jamás).
Si sumamos esa característica a otra que me pinta de cuerpo entero: mi eterno despiste, tenemos como consecuencia anécdotas realmente tontas. Como esta que me ocurrió hace un par de semanas y que quiero compartir hoy con ustedes.
Como muchos saben, hace unos meses perdí mi trabajo de nueve años. Aunque nunca me dijeron la causa del despido (argumentaron reorganización de la oficina) yo sé que algo hubo entre líneas y que no fui capaz de interceptar… despistada, al fin.
Indicios tuve suficientes para darme cuenta de que quien actualmente está en mi puesto tenía muchas ganas de desempeñarse en él. No digo que al final él fuera el responsable de mi salida, pero casi podría pensarse…
Lo cierto es que descubrí muchas traiciones y bajezas de su parte, pero aún así nunca lo creí capaz de meterme zancadilla.
Así las cosas, cuando aún trabajaba en aquella empresa, un día entre broma y broma, después de un falso olvido de su parte que me afectaba ante el jefe inmediato superior, le dije al descarado compañerito que “cualquiera juraría que me querés hacer daño”. Respondió medio tartamudeando que había olvidado entregar lo que le pedí porque se le había traspapelado en su escritorio…
Para no hacer largo el cuento, el día que yo fui a recoger mis cosas, el tipo no me dio la cara. Todos los compañeros se acercaron a comentar mi partida y a darme palabras de ánimo… pero él salió de la oficina casi toda la tarde y cuando regresó se refundió en un rincón y de su boca jamás salió una palabra de despedida para mí. “El que calla, otorga”, me dije al recordar de golpe todo aquel rosario de incidentes en los que él me había hecho daño.
En fin, el tiempo ha pasado y yo he vuelto a la docencia universitaria.
Una tarde de estas, al terminar mi clase, fui a devolver los cables y el control de la cañonera a la respectiva oficina. Justo al salir con mis hijas que me acompañaban, me topé con el famoso ex compañerito. Al ver su rostro familiar lo saludé muy feliz como si de un gran amigo se tratara. Mis hijas me preguntaron ¿Quién es él?
-Fulano, les dije.
-¿Cómo? ¿El tipo que te hizo todas esas cosas malas? ¿por qué lo saludaste?
-Ay mis hijas, despistada que soy.
La verdad, no puedo ir con los rencores a flor de piel. Pero creo que tampoco puedo saludar tan amablemente a quien considero un traidor y un mezquino. En fin, como soy de la idea de que la educación no pelea con la gente, pues de plano si me lo vuelvo a encontrar no podré negarle un "buenas noches". Aunque, la verdad, la verdad, ojalá no se vuelva a cruzar por mi camino.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Regáleme una mi agüita, porfa

Los chapines tenemos cada expresión que deja pensativos y confundidos a nuestros interlocutores hispanohablantes.
Nosotros pedimos que nos regalen, aunque sepamos que vamos a pagar lo que pedimos.
A todo le anteponemos un posesivo, así, decimos cosas como tengo un mi vestido... Voy a salir con unas mis amigas... quiero comprarme unos mis zapatos... etc.
A las gaseosas o sodas les decimos "aguas"...
Y por si fuera poco, tenemos la maña de hablar en diminutivo... :s
En fin, si sumamos todo esto y lo ponemos en una oración... sacamos de onda a cualquiera que no conozca nuestros brillantes chapinismos.
Justo eso me pasaba a cada rato cuando viví en Honduras. Para muestra, este botón:

Asistí a la Universidad Nacional Autónoma de Honduras donde saqué un diplomado en docencia universitaria. Una tarde que hacía un calor tremendo, al divisar una caseta sólo pensaba en tomarme "una mi agüita" bien fría. Así que me acerqué y le pedí al muchacho que atendía:
"Regáleme una mi agüita, porfa".
-¿Cómo dice? me preguntó confundido.
A lo que repetí: Que me regale una mi agüita, porfa
- Yo vendo frescos. Si quiere que le regalen agua, tome de la llave...
De más está decir que finalmente aprendí a pedir que me vendieran y no que me regalaran. Era un poco bochornoso que la gente creyera que estaba mendigando...

viernes, 4 de septiembre de 2009

Una sombra perturbadora

Estoy muy consciente de que muchas de las cosas extrañas que nos suceden tienen una explicación científica. Sin embargo, el no conocer esta explicación siempre nos permite a los mortales comunes compartir con otros mortales hechos inquietantes que, de conocer su verdadero origen, dejarían de serlo, perderían su encanto. A mí me atrapan estas historias, aunque debo reconocer que siempre las creí ficción hasta que me empezaron a ocurrir en vivo y a todo color. De esto hace ya casi diez años.
Pues bien, hoy les voy a contar una serie de sucesos que se desencadenaron un día de esos que no quisiera recordar. Fue en el 2004 o 2005 cuando llegaron a trabajar a la oficina dos jovenes reporteros que prometían ser muy buenos periodistas. Sin embargo, aunque uno de ellos, Carlos, era bastante bueno para olfatear las noticias, muchas de sus actitudes y conductas reñían con la ética. Llegó a mentirme descaradamente y a engañar a otros editores. El día que descubrí que todo era una farsa y que nunca me había respetado como su jefa, fue un golpe muy duro para mí pues lo había recomendado para una plaza fija en otra sección.

Me vi obligada a despedirlo, pasé un mal día y por la noche caí devastada sobre la cama. Estaba frustrada, enojada con él y conmigo por no haber advertido la situación... en fin...

Esa noche casi no pude dormir, la cabeza me daba vueltas. Era la primera (y la única) vez en la vida que había tenido que despedir a alguien, y estaba muy afectada. De pronto, en la madrugada, cuando por fin el sueño ya me había vencido, algo me despertó... una sensación de frío y miedo. Abrí los ojos y empecé a incorporarme cuando de pronto vi pasar frente a mi puerta (que nunca cierro, por claustrofóbica) una figura "gaseosa" que flotaba a través del pasillo. Como no era la primera vez que la veía (ya lo conté en otra historia), no me asusté tanto. En cambio, la empecé a insultar. Me molestó el hecho de que me despertara y yo, que no suelo ser tan malhablada, le dije unas groserías muy feas para que se fuera. Y de hecho así fue, desapareció y yo pude seguir durmiendo.

Un par de días después fui a la celebración por la nueva casa de Claudita, una gran amiga, y allí estaban Lily (otra amiga, ex compañera de trabajo), su cuñada y otras dos mujeres. Yo le conté a Lily lo que me pasó y ella me dijo que se lo contara a su cuñada, quien sabe mucho sobre espíritus y esas cosas, así que conté mi historia a estas últimas cuatro mujeres. Estábamos sentadas en la sala de la nueva casa de Claudita.

La cuñada de Lily reprobó el hecho de que yo hubiera tratado mal a lo que sea que haya sido esa cosa flotante. Me dijo que son almas en pena y que hay que hablarles de buena manera para hacerles entender que este no es su mundo. Pero si las insulto puedo atraer energía negativa y eso haría que esos malos espíritus se quisieran adueñar de mi casa (o algo así). Lo cierto es que le dije que no creía en espíritus y fantasmas y esas cosas. Quizá todo era producto del estrés y de mi imaginación.

En ese momento, sin que hubiera viento, temblor de tierra o sin que alguien pasara por allí salieron disparados varios CD del mueble que se encontraba a mis espaldas. Volaron violentamente y cayeron al suelo.

¿Y eso qué cree que fue? me preguntó la cuñada de Lily...
Intenté dar alguna explicación pero todo sonaba muy tonto.
En tono de sentencia ella me dijo: Lo que pasa es que "ellos" vinieron con usted...

Tantos años después, la pregunta sobre qué fue todo eso sigue revoloteando en mi cabeza y yo aún no he encontrado la respuesta.

lunes, 10 de agosto de 2009

A la orilla del precipicio (como que me cuidan III)

Yo no sé si es normal que a lo largo de una vida haya tantas situaciones al borde de la muerte o de extremo peligro como creo que ha habido en la mía. En todo caso estoy consciente de que he salido bien librada (de manera asombrosa, fuera de lo común) de experiencias extremas.
Esa es una de las razones por las que a veces pienso que de verdad existe un ángel de la guarda. Bueee, no uno, sino un ejército de ángeles que lo cuidan a uno. Ya he contado algunas de mis historias en la serie “Dura de matar y de morir”, o en la serie “Como que me cuidan”.
Pues bien, hoy que regreso a este espacio, me gustaría compartir con ustedes otra de esas ocasiones extremas en las que estuve al borde de morir… pero esta vez, también estuve a punto de matar a mis dos hijitas.
Resulta que hace algunos años cuando recién me había divorciado, cada vez que planificaba salir de la ciudad con mis hijas, me gustaba viajar muy temprano para evitar el tráfico en la carretera y aprovechar el día. Era casi una obsesión salir de madrugada. Íbamos con cierta frecuencia a Panajachel pues tengo una hermana que vive allá y que es muy hospitalaria.
Un día, armamos maletas y salimos de madrugada a visitar a mi hermana. Yo estaba muy cansada porque a veces salía súper tarde del trabajo y casi no dormía. Aquel sábado el cansancio era terrible, pero como yo no entendía que podía permitirme salir más tarde, pues subí a mis hijas al súper Chevy y nos fuimos cuando el sol aún no se había desperezado.
No recuerdo cuánto habíamos avanzado en el trayecto, quizá unos 80 o 90 kilómetros. Recuerdo sí, que el sol comenzaba a entibiar la carretera y a pintar de rosa el horizonte. Sin embargo, mi cansancio era total. Unos metros antes de llegar a un tramo muy peligroso, en donde hay muchos precipicios a ambos lados de la cinta asfáltica, debo haberme quedado dormida.
Quizás fueron segundos, lo cierto es que justo antes de llegar al precipicio una fuerte bocina (claxon) me despertó. Era la de un bus extraurbano que iba detrás de nosotras y cuyo conductor vio que algo andaba mal conmigo (seguramente yo conducía de manera errática). En ese momento vi que me había salido de la carretera en un pequeño tramo en donde aún había una parte de terracería que me permitió este desvío sin caer al precipicio o chocar con un paredón.
Detuve el carro y me quedé analizando lo que había pasado. ¡Estoy loca! Pensé. En ese momento vi que mis dos nenas dormían plácidamente ajenas al peligro que acabábamos de pasar. Cerré bien la ventanilla y descansé un rato más. Luego, ya repuesta del sueño y del susto, seguí la marcha con todos mis sentidos puestos en el camino. Tenía una horrible sensación de irresponsabilidad, de haber puesto en peligro la vida de mis nenas lindas. A partir de ese día, nunca más volví a salir tan temprano y nunca más he vuelto a conducir cansada. Sé que hay ángeles que viajan conmigo, pero esa no es razón para atenerme y cometer imprudencias.
Porfis, nunca conduzcan cuando estén cansados. Si tienen prisa, busquen a alguien que los acompañe y que pueda conducir o mantenerlos despiertos con su compañía. Pero no conduzcan si tienen mucho sueño.

lunes, 15 de junio de 2009

Sin pánico escénico

Creo que no hay mejor momento para desear una alegre y exitosa semana que un lunes por la mañana. Así que les mando mis mejores vibras para que empiecen este tramo del calendario llenos de felicidad y energía.
Y para empezar esta semana de historias citadinas, hoy los llevaré en un viaje en el tiempo. Vámonos pues para mi lejana infancia, hacia aquella bellísima época en la que yo tedría 5 ó 6 añitos y mi actitud ante la vida era algo así como "¿Quién dijo miedo?"
Quien me conoce sabe que no soy introvertida, pero tampoco la extroversión en persona. Algunas personas me han dicho, incluso, que me ven demasiado seria...
Pues bien, no sé en qué momento de mi dichosa existencia se me cruzaron los cables y dejé de ser tan extrovertida...
No puedo dejar de sonrojarme al contarles que yo misma me presentaba ante los extraños (sin importar si eran adultos o niños) como "la panzoncita platicadora". Ay, ¡qué vergüenza! Pero así era yo:
-Hola, soy la panzoncita platicadora ¿y tú cómo te llamas?
Por supuesto que a la gente le causaba gracia ver a aquella niñita con tanta soltura.
En fin... Creo que fue durante el cumpleaños de un vecinito, que yo me presenté, como solía hacerlo, ante un matrimonio invitado a aquella fiesta. El señor dirigía un programa de radio en vivo, por lo que al verme tan desenvuelta me invitó a participar para declamar un poema en la radio.
Y bueee, ¿qué les diré? Unos días más tarde, allí estaba yo, en La Voz de las Américas, vestida con traje típico*, lista para declamar un poema.
Me anunciaron con bombos y platillos y yo entré muy decidida al escenario, vestida como indígena, cargando un muñeco que era el hijo al que le hablaría en el poema. Empecé a decir los versitos pero, de pronto, a mitad del poema se me olvidaron. Yo tenía muy buena memoria, pero supongo que ver tanto público me confundió. Entonces, segura como era yo, no tuve ningún empacho en buscar a mi mamá con la mirada entre el público y gritar a vivo pulmón:
-¡¿Qué sigue, mamiiiiiiii?!
No recuerdo si terminé o no el poema, sólo recuerdo que el público soltó en carcajadas y me aplaudió tanto que me sentí la mamá de los pollítos.
Ojalá las cosas fueran siempre así ¿no? que cuando nos equívocáramos tuviéramos la ovación de los demás, echándonos porras para que no desfallezcamos. Pero esto sólo le ocurre a los niños... y ni siquiera todos tienen esa suerte.
___

*Porfis, no me vayan a criticar el hecho de que me vistieran como indígena. Así eran las cosas en mi infancia... y todavía ocurre en algunas partes, aunque yo tengo una filosofía muy distinta.

martes, 9 de junio de 2009

¿De qué murió Matute? IV

He estado un poco ocupada y desconectada, por eso no me han visto por acá ni en sus blogs, eso sí, esto será momentáneo... espero.
Pero bueee, hace unos días recordé una anécdota simpática en el blog de Lady Marian y decidí contarla aquí pues no me toma mucho tiempo.
Aquí les va...

Era principios de año (hace como 4 o 5). Yo estaba en una librería de colonia esperando completar la lista de útiles de mi nena pequeña. De pronto, vi bajar de su auto a un hombre más o menos de mi edad, bien parecido y muy educado. Le pidió a la señorita "El sí de las niñas". La chica le dijo que no lo tenían. Entonces yo, que no me puedo quedar callada, le dije dónde podía conseguirlo. El hombre me dio las gracias y luego de un breve silencio me preguntó: ¿Y el sí de las ya no tan niñas? ¡Plop!

domingo, 7 de junio de 2009

El hada de la primavera

Aquí sólo tenemos dos estaciones: la seca y la lluviosa. Pero del otro lado del charco (y en otros puntos del globo terráqueo) se marcan las cuatro estaciones. A España llegó hace poco la primavera, y Chu, que es un hada primaveral, ha llenado de maravillas de esta época su isla.
Ayer me dedicó este hermoso grabado que publicó con un hermoso poema de Gioconda Belli.
Gracias Chu, por dedicarme ese trocito de primavera... aquí es época lluviosa, pero en mi blog brilla tu sol.

martes, 2 de junio de 2009

¿Qué es alguien que parece bruja, vive como bruja y habla como bruja?

Caray, estoy hablando de mí, así que sean piadosos con su respuesta. Y bueeee, sí… todo apunta a que, sí: ¡Soy una bruja! Pero les juro que las apariencias engañan.

Empezando porque soy un poco troglodita, no me gusta socializar con mis vecinos. Pero como ya he comentado antes, hay mucha gente a la que le doy “jalón” para entrar o salir de la colonia, pues hay una calle de terracería que es una verdadera tortura.

En fin. Una de mis frecuentes pasajeras es una mujer que a veces vende cosas. Es de esas señoras que sabe vida y milagros de todos los vecinos. Yo trato de evitarla pero es “metiche”.

Una noche, hace ya un par de años supongo, vino a mi casa, creo que a venderme algo, no recuerdo. De pronto, salió a la plática una frase que no me gustaba mucho (ahora ya soy más tolerante): “Pídale mucho al Señor”.

-¿A qué señor? Pregunté con cierto sarcasmo.

La mujer balbuceó algo así como:

- Aaaa al sse sseessseeññor. ¿Qué? ¿usted no cree en dios? Preguntó con los ojos puestos sobre todas las paredes y objetos de la sala y el comedor de mi casa, intentando encontrar algún indicio religioso (supongo).

Pero no encontró nada. Sólo algunas velas rojas (que habían quedado desde la navidad de no sé cuántos años atrás), algunas varillas de incienso a punto de ser encendidas (para espantar zancudos), una calavera de barro con una serpiente plástica atravesada entre las cuencas de los ojos (travesura de mi hija menor) y, supongo, quizá alguna telaraña (porque no sacudo con frecuencia). Ah, también un par de litografías de Guayasamín… (un poco escalofriantes para una mujer como ella).

Además, entre las muchas macetas y adornos que tengo en la sala hay figurillas de hadas, duendes, magos, unicornios… ¿Qué? Así soy yo. Me gustan ¿qué puedo hacer? ¿tiene algo de malo?

En fin, fue muy divertido ver a mi vecina (que por cierto, no sé cómo se llama) salir casi corriendo de mi casa. Han pasado como dos o tres años y no volvió a poner un pie en la casa. Bueno, hasta apenas hace un par de noches. Vino a buscarme pero yo iba de salida. Al verla recordé la anécdota que les cuento.

Y bueee, quizá no es tan divertida como esperaban, pero a lo mejor puede ilustrar los versos de Ramón de Campoamor:

“En este mundo traidor,

Nada es verdad ni mentira

Todo es según el color

del cristal con que se mira”.

Así que si creen que soy una bruja… espero que lo piensen dos veces.

Por cierto ¿alguien sabe dónde hay repuestos de switch para escobas? La mía hoy no quiso arrancar.

miércoles, 13 de mayo de 2009

Escuela de ángeles

Cuando era niña tenía una imaginación extraordinaria y vivía la vida como si me hubieran metido en una burbuja mágica. Todo me hacía soñar, todo me hacía pensar que vivíamos en un mundo lleno de cosas buenas.
En alguna ocasión leí o escuché o de alguna forma “aprendí” que esta tierra era una escuela para ángeles. Que los seres llegábamos aquí para aprender a ser mejores. Yo quería, pues, ser un ángel.
Sin embargo, cualquier ciudadano del mundo sabe que a veces esta tierra se parece a un club de malos, donde la maldad pareciera reinar.
Y bueeee, debo reconocer que también hubo un tiempo en que me costaba creer que pasaban cosas buenas en nuestras vidas. De hecho, en estos días me ha sido particularmente difícil creer que algún día el bien triunfe sobre el mal.
Sin embargo, al leer sus comentarios sobre el post anterior, decidí contarles algunas historias que ayudan a pensar (quisiera creerlo o al menos plantearlo así) que podemos ser mejores y convertirnos en lo más parecido a ángeles terrenales y saborear el dulce sabor que nos deja en el corazón cada buena acción del día.
Como ya muchos de ustedes saben, vivo cerquita del fin del mundo. No es la lejanía sino lo complicado de llegar a casa lo que me hace decirlo.
En fin. Antes de llegar a casa hay un tramo de terracería de alrededor de 1 Km.
En ese trayecto, cada vez que puedo, le doy “jalón” a alguien.
Una mañana soleada, encontré en el camino a una señora con su hijito, un niño de no más de 8 años. Se subieron al Súper Chevy felices de ahorrarse esa caminata bajo el sol.
Ya dentro del Chevy, aquella mujer me hizo un comentario muy especial.
-Gracias, usted es el ángel que nos mandó el Señor.
Antes de que yo dijera cualquier tontería, la mujer le dijo al niño
-¿Viste mi amor? Escucharon tus oraciones.
Y de nuevo se dirigió a mí para contarme cómo su hijito no quería salir de casa pues no quería caminar bajo el sol sobre el camino de tierra. Ella, entonces, le dijo que “orara para que el Señor le mandara un ángel”. El niño así lo hizo y casualmente yo pasé por su camino.
No me propuse ser un ángel, pero lo fui para él en ese momento.
Al escuchar la historia me sentí muy bien, pero con sentimientos encontrados pues no soy muy creyente y debo reconocer que antes me molestaba mucho cuando me hablaban del Señor.
Sé bien que no soy un ángel, pero qué bien me hizo sentir que el niño lo creyera así. Sé que este mundo necesita cirugía mayor, pero creo firmemente que todos podemos cambiar un poquito nuestro entorno con una sonrisa al día, con una buena acción que no nos quita nada, nos deja un gran gozo en el corazón y deja en quien apoyamos la sensación de que un mejor mundo es posible.

lunes, 11 de mayo de 2009

Ángeles (como que me cuidan)


Para empezar la semana, se me ocurrió contarles una linda historia que viví hace pocos años. Es un poco difícil para mí reconocer que he sido una persona muy escéptica y contarles historias que me han ido cambiando la vida y el punto de vista. Si bien no creo en muchas cosas, al menos ahora soy más abierta y le concedo a las cosas el beneficio de la duda.
Pero entremos en materia:
En aquel tiempo yo tenía unos vecinos cubanos a quienes les daba "jalón" con mucha frecuencia. Una noche, cuando nos dirigíamos a la colonia desde el centro de la ciudad, me di cuenta de que el súper Chevy ya no tenía gasolina. Estaba al final de la reserva, como diría una amiga, "en la E de ¡echame gasolina! (empty). Pero era ya muy tarde y la gasolinera más cercana estaba ya cerrada. Las luces estaban apagadas. De todas maneras me metí en el área de despacho para pensar mejor qué podíamos hacer. Otro vehículo estaba allí y el conductor me dijo
-"Mala suerte. Está cerrado".
Arrancó su carrito y se fue.
Nosotros permanecimos allí, mientras yo trataba de pensar qué hacer puesto que no llegaríamos a la próxima gasolinera.
De pronto apareció un hombre sonriente y le pregunté si me podía vender un poco de gasolina.
Él asintió y me despachó Q50 que le pedí.
Al momento de pagarle, se me hizo feo pedirle factura, así que sólo le pagué y le dije
- Muchas gracias, usted es un ángel.
Yo jamás digo esas cosas. Y mucho menos en aquel tiempo. No sé cómo salieron esas palabras de mi boca.
Luego arranqué, pero antes de tomar el bulevar, volteé a ver y no había nadie. Mis amigos cubanos se quedaron sorprendidos. El área era bastante grande y no había dónde pudiera ocultarse en tan poco tiempo.
Esa noche sentí que realmente había vivido un momento mágico. Sentí una enorme felicidad que no puedo explicar.
Pasamos otras noches, un poco más temprano, pero la gasolinera estuvo cerrada a piedra y lodo.
Independientemente de si lo que ocurrió fue más allá de lo normal, si aquel hombre era un mortal o no, yo siempre he sabido que se trataba de un ángel.