domingo, 19 de abril de 2009

Una cocinera sonámbula

Hola a todos
Hoy les tengo algo muy especial, una de las excelentes historias de Maribel de Morales quien nos trae una anécdota simpática. Pero mejor dejo que sea ella quien nos la cuente. Los dejo con:

Una cocinera sonámbula
Mi familia tiene historial de sonambulismo. Mi tía, en sus primeros años, padecía estos síntomas, lo cual asustaba mucho a su abuela con quien ella vivía. Así que un buen día se cansó de tanto susto y decidió curarla, según ella, con un remedio poco usual.
Cada noche, cuando mi tía ya dormía, la abuela ponía un gran balde de agua fría justo donde ella colgaba los pies para poder bajarse de la cama. Cuando la sonámbula decidía hacer su ronda nocturna, metía los pies en el agua y rápidamente los sacaba, se despertaba asustada y se volvía a meter a la cama. Así transcurrieron muchas noches hasta que se curó. A la fecha la paciente ya no padece de sonambulismo y sigue cuerda y no como citan las abuelitas de que “no hay que despertar abruptamente a los sonámbulos porque se vuelven locos”.
Bueno esto es el preámbulo a la historia de nuestra cocinera sonámbula.
Mis primos regresaban tarde de la universidad y siempre cenaban y dejaban la cocina sucia. Al otro día mi tía les reclamaba y únicamente se culpaban uno al otro sin resolver nada.
Pero una mañana mi prima se levantó e hizo su cama y al quitar las almohadas vio que había un pan con huevo envuelto en una servilleta de papel. En tono cómico fue con mi tía y le dijo que le agradecía el detalle de llevarle el desayuno a la cama, a lo cual le contestó que dejara de hacerse la graciosa, que esa no era su costumbre y que le explicara por qué dejó sucio el sartén donde cocinó el huevo.
Iba a ser difícil que mi tía le creyera de que ella no había cocinado la noche anterior, pues con semejantes antecedentes y teniendo a la vista la evidencia en la mano o mejor dicho debajo de la almohada, no iba a lograr convencerla de su inocencia. A partir de ese día mi tía, que no acostumbraba a echar llave a la puerta de la calle, lo empezó a hacer, pues no vaya a ser que la sonámbula dispusiera irse de parranda y luego no se acordara.

Maribel de Morales
___
¿Saben una cosa? tengo que confesar que algunas historias que me enviaron al correo de mi antigua oficina se perdieron. Pensé que tenía copia de seguridad, pero ahora me vengo a dar cuenta de que algunos de ustedes me escribían a ese correo y por ello perdí sus historias. Porfis, si no es mucho pedir ¿Me las volverían a enviar?

jueves, 16 de abril de 2009

¿Cómo se llama tu profe?

Los niños son únicos. El proceso de aprendizaje del idioma y de la cultura siempre deja huellas que se traducen en anécdotas familiares que todos disfrutamos.
Hoy les voy a contar una anécdota que me gusta mucho.
Hace años, cuando mi primo Rafita tenía unos 6 ó 7 añitos (ahora andará en sus 20, quizás), mis papás estaban de visita en casa de mis tíos, en Xela.
El niño acababa de entrar a la primaria y, como buen Arroyave, "hablaba hasta por los codos". Así que les contó a mis papás que su profe aquí y que su profe allá y su profe más allá. Total, que todo era su profe.
Entonces mi mamá le preguntó
- ¿Cómo se llama tu profe?
- No sé, respondió Rafita.
- Preguntale entonces, porque es bueno saberlo, le dijo mi madre.
A los pocos días volvieron a verse y el niño llegó contento a saludar a los tíos.
-¡Tia, tía! ya sé cómo se llama mi profe...
-¿Cómo se llama?
-¡Sor!
Casi sin poder contener la carcajada, mi mamá le preguntó:
-¿Sor?
- Sí. Fijate que llegó el director a mi clase y yo oí cuando le dijo "quiero hablar con usted Profe Sor".
¡Plop!


martes, 14 de abril de 2009

Un premio más



Amigos, comparto con ustedes un premio más. éste me lo dieron Vivian y Seth, GRACIAS AMIGOS


Lamentablemente no estoy en condiciones de seguir las reglas y otorgarlo a otros 10 blogs pues casi no puedo atender el blog ya que estoy en una etapa especial de mi vida en la que, casualmente, tengo que "cerrar círculos. Por otra parte, soy adicta a tantos blogs que no quiero dejar a ninguno de fuera. De entregarlo, se lo daría a todos los que aparecen en mi lista de ADICCIONES, en la columna derecha.


Gracias por su comprensión.
Les dejo las reglas:

Poner el enlace a la persona que te lo asigno.
Elegir 10 blogs para darle el premio
Escribirle un mensaje a los ganadores para que sepan de su premio.
Hacer que el logo sea visible
Respetar las Reglas

lunes, 13 de abril de 2009

El comal le dijo a la olla

Queridos todos
Este sí es mi saludo oficial de bienvenida de las vacaciones. Espero que hayan tenido unos días felices, tranquilos y descansados.
Tal como me lo pidieron, les traigo un dibujito bronceado y una historia bronceadita también. La verdad, yo no me bronceé mucho (unas partes más que otras), por eso decidí contarles, para empezar la semana, una divertida anécdota de mi mamá que tuvo lugar hace unos 30 años.
Resulta que para unas vacaciones de verano, como las que acabamos de pasar, mis papás se fueron a la costa con unos amigos.
Mi mamá es de tez morena. Así que cuando se puso su calzoneta, la hija de una de las amigas con quienes viajaron se le quedó viendo de pies a cabeza y le dijo:
- ¡Dichosa tú que ya viniste bronceadita!
Lo divertido del cuento es que la niña es mulata, el color de su piel es aún más obscuro que el de mi mamá.
¡plop!

sábado, 11 de abril de 2009

Sábados de Mercedes
Quiero tirar al pozo...

La blogósfera es como un bosque encantado lleno de personajes realmente fantásticos, entre hadas, duendes, sirenas y otros tantos más. Mercedes es un hada líder que creó los sábados literarios. Hoy en el árbol de Ardilla Roja me enteré de que estos ejercicios literarios pasan ahora a llevar el nombre de su líder. ¡Enhorabuena!
Y como hoy, sábado de gloria, es día de limpieza general me sumo a los muchos blogueros que siguiendo la línea de los Sábados de Mercedes dispusieron deshacerse de una buena carga de cosas inútiles para tirarlas al pozo.

Quiero tirar al pozo...

1. Los malos libros de historia que toman partido por uno u otro personaje terjiversando nuestro pasado, omitiendo el crédito de quienes escribieron con su sangre otros pasajes del pasado que deben ser estudiados, comprendidos y tomados en cuenta para que no repitamos nuestros errores.

2. Las 10 libras que tengo de más, en virtud de que no tengo voluntad para las dietas ni disciplina para el ejercicio.

3. Las tarjetas de crédito... para no caer en la tentación...

4. A la vecina que roba mis periódicos y que vigila todos los movimientos de las casas de mi cuadra.

5. A unos cuantos testigos de Jehova impertinentes

6. Al gato que por las madrugadas se asoma al patio y hace ladrar como envenenado a mi Juanito... y no deja dormir al vecindario.

7.Mi idea de que todo el mundo es bueno hasta que no me demuestre lo contrario... porque soy incapaz de reconocer cuando la demostración empezó.

8. Al médico que suturó sin anestesia a mi tío Tino, de 82 años, hace unos días.

9. La mojigatería y el machismo, una mancuerna que ha impedido la felicidad de muchas mujeres.

10. Mis complejos, porque a veces no me dejan volar.

sábado, 4 de abril de 2009

Vacaciones de verano


Estaré fuera unos días, lejos de la tecnología y cerca del mar…
Si pasan por este su blog, siéntanse como en su casa. Los invito a leer historias viejitas. También pueden enviarme a mayestatico@gmail..com sus anécdotas para que más adelante las publique. Recuerden que hemos contado travesuras infantiles, metidas de pata, historias divertidas, historias de miedo, etc.
Apapachos,
Nancy

jueves, 2 de abril de 2009

Travesuras Infantiles III

En toda familia siempre hay un hijo o hija que se destaca por ser el más travieso de todos. Como decimos en buen chapín: siempre hay “firmitas”, ¿no?, pura “canela fina”. Filis nos contó ya una de las tantas travesuras de su hermana, y Patricia también nos comentó cómo su hermana era un verdadero terremotito… aunque muy muy valiente.
Y bueee, si bien yo fui una santa (jajaja) tengo una hermana que era toda una diablilla. De ella hay tantas travesuras que podrían contarse… pero para hoy escogí ésta, que es mi favorita.
Resulta que mi familia solía viajar con frecuencia a Quetzaltenango (en el occidente del país) porque mi papá es de allá. Si bien yo era una enamorada de ese paisaje otrora de trigales que sacudían sus blondas cabelleras formando un dorado mar de espigas… también me mortificaba pensar en ese viaje de cerca de 200 km pues no había poder que impidiera que yo tuviera que detener la marcha para salir a vomitar.
Aquél viaje no fue la excepción. Debo haber tenido 10 u 11 años y mi hermana Bele, unos 8 o 9.
Desde temprano colocamos las maletas en su lugar y nos acomodamos mis padres y sus cinco hijas en la camionetilla familiar. Mi mamá siempre me daba una bolsa plástica para tener a mano por aquello de que a mi papá no le fuera a dar tiempo de parar. También me ponía una hoja de periódico doblada entre mi estómago y la ropa, decía que eso servía para evitar lo inevitable. A veces se acordaba de darme Nauseol, pero aquel día no fue así.
Pues bien, enfilamos por el sinuoso camino que nos llevaría al altiplano guatemalteco cantando canciones como la Chiva chivita y la Despelona.
Durante el recorrido, vi que mi hermana Bele estaba muy pendiente de mi:
- ¿Ya tenés náusea? ¿Ya querés que pare mi papá? Mirá, cuando tengás ganas de vomitar me avisás.
Al sentirme lo suficientemente mareada, muy obediente, le indiqué a mi hermana que me sentía mal. Pensé que ella le avisaría a mi papá, pero en lugar de eso me dijo:
- Aguantate un poquito, aguantate un poquito más.
Esperó un momento, observaba la carretera, y luego, cerca de una plantación de milpa, le dijo a mi papá
-¡Papi, pare! La Nancy ya va a vomitar.
Mi papá se hizo a un lado de la carretera, justo junto a la milpa. Yo bajé a lo que iba y mis hermanas aprovecharon para descargar la vejiga o estirar las piernas. Luego subimos todos a la camionetilla, pero, para variar, faltaba la Bele.
Mi papá tocó la bocina, mientras todas la llamamos a coro.
De pronto, salió de entre la milpa con los brazos llenos de mazorcas. Venía corriendo como si el diablo la persiguiera. Algunos metros detrás, venía un campesino, machete en mano, persiguiéndola y, seguramente, insultándola en un idioma que no entendíamos. Pero el gesto era absolutamente traducible.
Mi hermana se metió al carro y le pidió a mi papá que arrancara. Él no se dio cuenta en ese momento de la travesura de su hija, sino hasta que todas nos empezamos a reír al ver los elotes que, al final, ni pudimos comer porque estaban muy verdes.