
Hola, para variar, no programé debidamente la historia y por eso sólo se publicó en mis dibujitos... en fin, aquí les va. Está un poco larga, pero creo que vale la pena leerla y llegar hasta el final. Parece de película.
Apapachos, y mil disculpas por el lapsus.
Si alguien cree que yo soy la más despistada del mundo mundial, déjenme contarles que mi hermana B. me hace la competencia…
Hace apenas unos meses mi hermana vivió la situación que hoy les cuento (por supuesto que le pedí permiso para contar esta historia).
Resulta que uno de sus hijos se hizo papá muy jovencito. La situación, como es de imaginar, fue un poco difícil. Finalmente, cuando la bebé estaba por cumplir dos años, mi sobrino y su novia decidieron vivir juntos en la casa de los padres de ella.
Una noche que mi hermana llegó de visita (recién trasladado mi sobrino a aquella casa), la mamá de la chica le comentó:
-Ya decidimos, se casan en agosto.
A mi hermana esta frase le cayó como balde de agua fría, pero intentó mantener la calma y la sonrisa No. 23.
-¿Ah, si? ¡Qué bueno!, respondió.
- Sí, mi esposo y yo vamos a ser los padrinos… agregó la señora
Aunque en un principio no le agradó, mi hermana pensó “bueno, son un matrimonio unido, está bien”, pero ya los intestinos empezaban a formar una trenza en su interior.
-Además, agregó la mujer, la misa va a ser en la iglesia X.
En ese momento, mi sobrino dijo:
- Nosotros queríamos que fuera en la iglesia Y…
Pero la suegra lo interrumpió diciendo:
-Sí, pero es mejor la X y por eso va a ser allí.
Para entonces, mi hermana estaba “para balazos”, pero siempre con la sonrisa 23 a flor de labios.
Como guinda, la señora le dijo que la boda se realizaría en X fecha, justo para el cumpleaños de mi hermana. Ah, no, mi hermana estaba al borde de un ataque de histeria, pero se contuvo. Dijo alegrarse de que ya todo estuviera planificado y se despidió muy cordialmente.
Por supuesto que al salir estalló en llanto y soltó todo su enojo. Pasó toda la noche y la mañana siguiente llorando y comentándolo con mi sobrina y con otra amiga que vive con ella y que estuvo presente durante la conversación con la “consuegra”.
En la mañana, estaba llorando y quejándose de que no se le hubiera tomado en cuenta para nada. Hacía planes para celebrar su cumpleaños y así no estar en la boda, total, al parecer nadie había pensado en ella.
En ese momento entró mi sobrino a la casa.
-¿Cómo estás, mama?
-¡Cómo voy a estar! Enojada, me ignoraron completamente para lo de la boda, no les importó mi opinión.
-Ay mama, pero no te enojés…
-¿Cómo? ¿Te parece que no tengo razones para enojarme? Encima, me molestó muchísimo que dejaras que pasara por encima de la opinión de ustedes de que la boda fuera en la iglesia X
-Ay, mama, pero si a ellos les gusta más la otra, nosotros no teníamos nada que opinar allí…
-¿Ah, no? Esto es el colmo, si así estás empezando, ya me imagino cómo te vas a dejar manejar en la vida. Ni siquiera se pusieron a pensar si yo tenía planes para mi cumpleaños. Pues yo ya tenía planes para esa fecha y voy a celebrar mi cumpleaños, así que no cuenten conmigo.
-Está bien, mama, no vayás, no tenés obligación de estar allí. Si no querés, no vayás.
Ah, no, esto sí que rebalsó el vaso. Mi hermana estaba a punto de un síncope.
-¿No te importa que tu madre no vaya a tu propa boda?, estalló casi en llanto.
-¿Yo? Pero si yo no me voy a casar. El que se casa es el Fulanito, hermano de la mamá de mi novia…
¡Plop! Y recontra ¡PLOP!
En ese momento, mi hermana recordó que meses antes, la consuegra le había hablado para que amenizara la misa de la boda de su hermano, ya que a eso se dedica B profesionalmente.
En fin, la mamá de la novia de mi sobrino pensó que estaba retomando aquella conversación. En tanto que mi hermana tenía muy reciente el traslado de su hijo a la casa de su novia para empezar una vida marital.