miércoles, 28 de octubre de 2009

Pescuezo de pollo
O de por qué para mí es un insulto el arroz con pollo



Dicen que cuando uno tiene problemas con algo, a pesar de que en apariencia no los debería haber, hay que remontarse a la historia personal para averiguar el origen de dichos problemas.
Pues bien, a pesar de que ya me he confesado melindrosa, hay una comida que definitivamente no tolero. No es que no me guste, simplemente. Mi problema iba más allá del melindre. Para mí que alguien me ofrezca arroz con pollo es prácticamente que me insulte. Así de simple.
En un principio yo pensaba que mi problema era puro melindre. Pero con el paso del tiempo, cuando alguien me invitaba a comer, me sentía obligada a decir: Por favor, cualquier cosa que no sea arroz con pollo. 
Peor aún, si quien iba a preparar la comida era persona de mi absoluta confianza, le advertía: Por favor, si me das arroz con pollo lo consideraré un insulto; o, si quieres conservar mi amistad, no me des arroz con pollo.
Necesitaba advertirlo, no me pregunten por qué.
Lo cierto es que el año pasado escuché en la radio a algún psicólogo hablar de estas fijaciones, así que hurgando en mi pasado pude vincular la historia que hoy les cuento con mi incómoda advertencia sobre el arroz con pollo.
Sucede que cuando yo era niña, quizás tendría unos diez u once añitos, fuimos un día de visita a casa de unos tíos en Quetzaltenango. En esa ocasión mi tía C (me reservaré el nombre) preparó un arroz con pollo que olía delicioso. Nos sentamos primero las niñas a la mesa (éramos cinco hermanas, los grandes debían esperar su turno porque el comedor no daba para tantos comensales) y mi tía nos fue sirviendo. Creo que estaba molesta conmigo o algo así. Lo cierto es que al momento de servirme percibí un dejo de enojo en su mirada y en la selección de la pieza de pollo que acompañaría mi plato.
Yo muy ingenuamente le pregunté ¿Me podrías cambiar la pieza de pollo? Es que no me gusta el pescuezo (Guácala, pensé).
Ella hizo como si no me escuchó y siguió sirviendo. Luego dijo con tono serio: "Se lo comen todo".
Yo no pude. Definitivamente no pude. Ver la cara sin pico del pobre animal solo anunciaba pesadilla segura. Recuerdo cómo las lágrimas empezaron a brotar  despacito y a dejar una huella tibia sobre mi mejilla mientras caían.
Mi tía se molestó mucho conmigo. No recuerdo si mis padres me regañaron, lo cierto es que no probé bocado. Hubiera preferido cualquier castigo, cualquier tortura antes que tragarme aquella comida. De ahí mi aversión hacia el arroz con pollo, tan típico y popular por estos lares.
Ahora que conozco el origen de mi problema, trato de no decirle a los que amo que si me dan ese platillo lo consideraré un insulto. Pero, si puedo, les pido que me den cualquier cosa, menos eso.
No lo supero.

18 comentarios:

LUNA dijo...

Definitivamente, con el pollo, tienes un problema.
Más bien un trauma.
Pero no te sientas "anormal"...
Si a mí me hubieran puesto un plato de sopa, con garras de pollo, y otro dia un arroz con cabeza y pescuezo de pollo, estaría igual....
Es como una maldición bíblica, una historia de terror...

Ánimo amiga, siempre nos quedarán las pechugas....
Apapachos

Alecksya dijo...

Cuando era nina, mi mama queria darme pescado, primero me daba miedo comerlo porque escuhe que alguien se habia muerto por tragarse una espina, entonces mi mama opto por darme solo la sopa, yo no queria porque sabia que era de pescado y le hice el berrinche de mi vida, como cosa rara y a parte de la reganada, me dijo que habia hecho sopa de pollo y cuando empezo a darmela (y yo a comermela desconfiada) zaz! Que en la cuchara sale el gran ojo del pescado flotando en la sopa. Fue traumatico.

No me gusta nada que venga del mar, siento que esa comida me mira.

Que clase de arroz con pollo te dio tu tia? Del que se ve como anaranjado?

Rochitas dijo...

ni pollo, ni sopa de ni arroz con ...
potencial vegetariana. Se lo dice una ex y potencial, si no fuese por lo síndromes anémicos que me prendo.

Sonia. dijo...

uy nena, eso si que estuvo mal por parte de tu tia, fijate que en mi casa nunca nos obligaron a comer nada que no nos apetecia, que no quiere decir que comieramos lo que se nos diera la gana o puras porquerias, sino que como mi mama fue bastante melndres para comer desde siempre dice que sentia feo hacernos comer cosas que ella misma le habia costado comer de niña, entonces asi fue, poco a poco le fuimos agarrando el gusto a las cosas, en mi caso el brocoli era lo que nunca tolere, y ahora me encanta, pero eso si nadie me obligo a comerlo :)


un bbesote nena, bonito dia para ti!

Patricia Cortez dijo...

eso es duro, aqui cuesta mucho que los adultos respeten a los niños, saluditos

Neogeminis dijo...

Hija! es que en tu niñez te torturaron con el pollo! jajaja...qué habrías hecho para que tu tía no te cambiara la pieza de pollo y te mirara enojada?????...tu fijación yla negativa para comerlo no es extraña! más bien está bien justificada! jajaja


Besitos.

LadyMarian dijo...

Primero las garras de las patas y ahora el pescuezo!! No sé cómo no salís corriendo cada vez que ves un dibujito de un pollo!!!
Tu tía estuvo muy mal! No sólo por darte la peor parte para molestarte sino también obligando a comer todo.
Jamás hay que obligarlos a comer todo!
Sos muy normal. A mí me pasaría exactamente lo mismo!
Besos

Nandy dijo...

Hace un tiempo que leo tu blog, pero hasta hoy te comento. Me gustan mucho tus historias y tus dibujitos. Felicitaciones.

Any dijo...

A mi me encanta el arroz con pollo, hace un montón que no lo como, me hiciste acordar jejeje.
El "cogote" no me apasiona pero lo como también si me toca, lo que no me gusta es la colita del pollo.
Cuando éramos chicos teníamos épocas, a veces nos peléabamos por la pata, después por las alas. Ahora me da lo mismo.
Lo de la garra sigue siendo un misterio para mi, nunca comí, ni entiendo que es lo que se come de esa parte.
Apapachos y aguante el asado!

norma dijo...

Pobre esa niña, que problema y hasta hoy no lo has superado, eso es mucho peor.Brava la tía eh!!
Nosotros cuando niños no teníamos problema con el pollo porque la broma a la hora de servir era, tu como te llamas, Zapata, te toca la pata, y tu como te llamas Sabala te toca el ala y el que se llamaba Fasulo, decía que no le gustaba el pollo.jajaja, era siempre la misma broma y comiamos lo que teníamos delante.
Te mando un beso.

el VERDE !!! dijo...

El día que cocinemos para el otro tené la seguridad que no habrá arroz...

No me gusta el arroz, yo considero que es el peor acompañante que hay para un plato. Lo veo como un relleno, ya sabés: un pedacito de pollo, una ensalada mal hecha y una montaña de arroz, desabrido la mayoría de las veces.

Prefiero de esas papitas con cáscara como complemento, pero no arroz.

La única manera en que "me pasa" es cuando acompaña a algún recado. Eso sí, una o dos cucharadas, nada más.

Seguro guardo desde mi infancia una anécdota similar a la tuya.

Y lo más feo que pueda haber: el arroz en amarillo.

Nancy dijo...

Luna, querida: Es cierto, pareciera que lo mío no es el pollo. Sin embargo es lo que como cuatro o cinco veces por semana. Pero como ya he dicho: sólo pechuga o (en casos extremos y poco frecuentes) pierna. Mis traumas, afortunadamente, sólo tienen que ver con las horrorosas y macabras piezas que son tan explícitas sobre la parte del animalito que uno se está comiendo…

Alecksya, eso sí que es traumático. ¡Qué horripilante! Yo hubiera gritado hasta desgarrarme la garganta… A mí sí me gusta el pescado… pero al igual que el pollo sólo como filetes, nada entero, nada de ojos o bocas haciendo pucheros desde el plato. ¡qué pesadilla!
Y sí, mi tía me dio de ese arroz con pollo medio anaranjado y aguanoso. :oS

Ay, Rochitas, a mí ya deberían haberme salido plumas de tanto pollo que como. Es un infaltable en mi casa… pero solo como filetes de pechuga. Nada más. Jajaja

Sonia, me parezco miles a tu mami. Yo soy igual con mis hijas. Nunca las he obligado a comer lo que no les gusta. Pero las pobres sufren con sus tías (mis hermanas) y con su familia paterna. Todavía en las dos familias de mis hijas (materna y paterna) hay adultos que creen que hacen bien obligando a los niños a comer lo que no quieren.
Aplausos a tu mamá y apapachos para ti.

Doctora, tú lo has dicho… y es que realmente es una falta de respeto… Saludillos

Neo, jajaja, gracias. La verdad es que yo siempre fui una niña muy tranquila… Yo creo que la gente se estresaba un poquito porque éramos una familia muy grande. Darle de comer a siete bocas más debe ser estresante. A lo mejor ella descargó su enojo conmigo, que era quien estaba más cerca. Pero bueee, me reconforta que se justifique mi fijación. :o)

LadyMarian, jajaja, me hiciste reír. Realmente es traumático para un niño ver estas cosas en su plato ¿no? Y no creas, claro que evito pasar por las carnicerías. En el supermercado tampoco volteo a ver los congeladores con los pollos enteros o en piezas. Yo voy directamente a las bandejas de pechugas… Gracias por verme normalita… (es que sólo muestro una pequeña parte de mí, jajaja)

Nandy, que agradable sorpresa saber que venías a leer este blog. Eres siempre bienvenida. Gracias por tus palabras.

Y bueeee, Any, yo sé que el arroz con pollo es delicioso. Pero simplemente no me pasa y, aunque luche conmigo misma, siempre que me lo ofrecen me siento ofendida. :o(
Lo de la garra, es mil veces muy bueno saber que por aquellos lares no se la comen, jajaja

Norma, qué lindos tus recuerdos. Siempre en las familias hay bromas que se repiten y nunca nos llegan a cansar. Jajaja, ¿tú qué nombre recibías? Dichosota que te enseñaron a comer de todo.

Verde querido, a ver cuándo… Yo no comía arroz de niña… de ninguna manera. Pero desde que tuve mi propia familia me gusta cocinarlo. A mis hijas les encanta. Eso sí, nada de arroz con pollo, arroz en amarillo (solo el nombre me da mala espina) y mucho menos paella. Eso tampoco me pasa, pero no sé cuál será la fijación allí. Lo cierto es que no me hacen comerla por nada del mundo.

CAS dijo...

DEFINITIVAMENTE las avícolas contigo se funden!!! pero si venís por casa te hago unas ricas milanesas de suprema de pollo (la pechuga) que no tiene ningún hueso, ni "cogote" ni nada que te impresione, y si no te gusta te hago ensaladas y si no... bueno, ya veremos el menú, pero lo que no quiero es que te deje de gustar alguna comida porque yo te ponga la cara que puso tu tía, que la deberían haberla comido cruda por tan poca sensibilidad (en fin, pobre tu tía.... pero yo te defiendo a vos!!! ....y a los pollos pobres. jajaja aunque contigo, tienen vida asegurada.)
besotes amigota

Miss Trudy dijo...

No te sientas mal, tod@as tenemos nuestras "trabitas" con alguna comida, alli si que nadie se salva. Muy amenas tus historias.

Mariela Torres dijo...

A mí me encanta el arroz con pollo.
Lo que no entiendo es cómo comen el pollo allá, acá viene el pollo entero tan mutilado, sin cabeza ni patas, que a veces es difícil saber si es pollo u otra cosa.

Besos.

Nicté dijo...

Nancy, no me pude aguantar, cuando me daban espinacas de niña yo hacía Acc, o sea me daban basca, y mi madre preguntaba "no te gustan" y contesté: si me gustan, pero hago acc...

Angel Elías dijo...

Tu historia me gustó, creo que el origen de la fijación la encontraste. En todo caso yo prefiero la pierna y la pechuaga, mmmm.....

¡Ah!... el pollo aveces también me gusta.

Un abrazo...

Nancy dijo...

Querida Cass, qué rico, allá voy a pegarme una comilona. Me encantan las pechugas y las ensaladas. Así que no te creas que los pobres pollos tienen la vida asegurada conmigo, jajajaja, son mi platillo favorito. Y bueeee, mil gracias por defenderme. En realidad quiero mucho a mi tía… pero es un resentimiento que nunca olvidé, aunque después de haberlo contado públicamente en el blog… como que dejó de pesarme. Eso sí, no tanto como para que vuelva a comer arroz con pollo, jajjajaja

Miss Trudy, gracias por recordarlo. A veces yo he pensado que la demás gente come de todo menos yo, pero no es cierto. Hasta mi ex, que ha comido lo inimaginable tiene su “pero” con algo: él odia la remolacha.

Marielita, dale gracias a dios por no haber nacido aquí… eso de comer patas y pescuezo es más común de lo que te imaginas.

Nicté: ¿pero si te gustaban o no te gustaban? ¿o por qué hacías acc? A mí no me gustaban las espinacas ni las acelgas cocidas “AAAACCCCC”, pero cuando las probé crudas, el panorama cambió.

Gracias, Ángel. A mí me encanta el pollo, siempre que se entienda que estoy hablando exclusivamente de pechugas, jajajaja.

Apapachos a todos y gracias por sus comentarios.