martes, 3 de marzo de 2009

¿De dónde es Rihanna?

Ayer escuché en la oficina que una chica llamada Rihanna (no sé si es cantante, modelo o actriz) volvió con su novio, un troglodita que hace poco casi la desfiguró de una golpiza. Entonces no pude evitar preguntarles a mis compañeros de la oficina "¿De dónde es Rihanna?" Si no mal recuerdo, me dijeron que de Barbados o algo así. Entonces agregué (confieso que con más ironía que ingenuidad): "yo pensé que era guatemalteca".
Y es que esa historia de la mujer que sigue al lado del imbécil que la golpea es tan común en este país que aún no sale del feudalismo, el canivalismo y todos los males terminados en ismo.
No sé si es leyenda urbana o si el caso es tan común, pero dos amigos míos me han contado que han intentado intervenir en una golpiza que un hombre da a su mujer y que ésta ha respondido "usted no se meta, él es mi marido y tiene derecho".
Alguien más me contó que no pudo evitar llamar a la policía y que, al llegar los agentes, la mujer negó (con los grandes moretones en la cara) que el tipo la hubiera golpeado...
Y bueeee, justo algo parecido me tocó ver hace un par de meses, más o menos. Fue una noche de sábado cuando alrededor de las 00.00 horas iba con mi nena pequeña a recoger a mi hija mayor a una fiesta.
Al pasar por una calle oscura, vi que un tipo y una mujer golpeaban y llevaban por la fuerza a una jovencita que no tendría más de 18 años. Ella se resistía a acompañarlos y mientras la mujer la sostenía, el hombre la golpeaba.
Lo siento, no puedo dejar de involucrarme, no entiendo cómo hay gente que puede pasar indiferente ante estas escenas. Como era tan tarde e iba con mi hija pequeña, regresé con el súper chévy y les encendí las luces altas. En ese momento ya no la golpeaban sino que cargaban su cuerpo agotado. Pero como no me podía bajar, decidí regresar a una pequeña estación de policía que está a unas tres cuadras. Allí le avisé a los agentes de la situación. Ellos no tenían un vehículo en ese momento, pero se comunicaron por radio y yo retomé mi camino. Cuando volvíamos por el lugar donde vimos ese problema, ya no estaban, pero a unos metros había un vehículo con las puertas abiertas. Supuse que allí la habían llevado.
La patrulla apareció en ese momento y yo seguí mi camino pensando que ojalá se resolviera todo.
Recogimos a mi hija mayor y unos 50 o 60 minutos más tarde, cuando volvimos a pasar por el lugar de los incidentes, vimos que la patrulla se alejaba en ese momento del lugar. Qué suerte, pensé. Ojalá se hayan llevado a los victimarios.
Mi sorpresa fue enorme al ver salir del auto que tenía las portezuelas abiertas a la joven golpeada, de la mano de su agresor.
Agrrrrrrrrrrrrrrrrr, me dije, ¿hasta cuándo las mujeres aprenderán a respetarse un poquito?

domingo, 1 de marzo de 2009

¡Otro premio!

Como si se tratara de un dulce sueño, hace pocos días, el Hada de los Tiempos vino a dejarme un lindo regalo: el premio Dardo. Una distinción con la que «se reconocen los valores que cada blogger muestra cada día en su empeño por transmitir valores culturales, éticos, literarios, personales, etc..., que en suma, demuestran su creatividad a través su pensamiento vivo que está y permanece, innato entre sus letras, entre sus palabras».

Al igual que el premio anterior, hay reglas que cumplir :

1- Aceptar, hacer que el Logo sea visible, respetar las reglas.

2- Hacer un link al Blog que te ha premiado.

3- Premiar otros 15 blogs y avisarles.

Para cumplir con el primer paso, pues ya tengo publicado el galardón en este post y en la columna derecha, junto al Premio al Esfuerzo Personal y otros homenajes que inmerecidamente he recibido de queridos blogueros, tales como la historia con hadas que me regaló el Kontra, los apapachos en décimas de poetas latinoamericanos; el cuento que le pedí a Esteban Dublín y que resultó ser más hermoso de lo esperado, y el cuento que Johan Bush Walls escribió sin que se lo pidiera, pero igual fue una hermosa sorpresa.
En segundo lugar, el premio me lo otorgó el Hada de los Tiempos cuyo blog es
Los cuentos de hadas.

Y para cumplir con la tercera regla, debo escoger 15 blogs para premiar.
Esto último me pone en aprietos pues no me gusta ser jueza de nada y siempre sufro por no poder dar un premio a cada uno de mis amigos de este mundo virtual. Pero bueee, haré un intento por seleccionar 15 blogs. Como es mi costumbre, prefiero hacerlo en orden alfabético, pues no me gusta anteponer unos a otros. Ay, soy una lata para estos menesteres...
Aquí voy:
Les dejo un apapacho feliz
p.d.
Ya sé que se me fue uno de más... pero ¿Qué le voy a hacer? Digamos que no sé contar.

viernes, 27 de febrero de 2009

Un juguete con vida propia

Bienvenidos una vez más a las historias de viernes. Hoy les contaré una corta historia, pero que me dejó muy molesta ante la imposibilidad de poderme explicar el fenómeno que experimenté.
Hace pocos años, durante unas vacaciones en las que mis hijas se fueron por unos días, yo me quedé sola en la casita. Siempre me prometía aprovechar el tiempo para salir, ir al cine o de visita, pero nunca cumplía. En cambio, me quedaba en la casa como buena niña.
Una tarde, la nostalgia por mis bebas era tanta que me fui al dormitorio de mi hija pequeña y me acosté en su cama para leer un libro.
No tenía ni diez minutos de estar leyendo cuando, de pronto, se activó el sonido de algún juguete en el "cuarto de los tiliches", un frustrado estudio en el que está mi escritorio y la compu y mis libreras, pero también cosas viejas, juguetes, revistas, periódicos, y un sin fin de cosas que no sirven, que algún día regalaré, pero no sé cuándo.
El sonidito empezó bajito. Yo me asusté y me incorporé para buscar de dónde provenía. Pronto entré al cuarto de los tiliches y, de plano mis nervios me traicionaron, pues sentí que el sonido se intensificó. Buscaba guiándome por el sonido y encontré que venía de una bolsa de juguetes viejos que iba a regalar. Saqué todo y en el fondo estaba un celular de juguete. No había manera de detener su sonido. Era de esos juguetes a los que se les presiona un botón y suenan por espacio de unos segundos. Pero este no tenía nada que presionara sus botonesa y ya llevaba varios minutos sonando.
Ah, no -me dije- esto no me va a ganar a mí. Como no tenía nada para desarmarlo y quitarle la pequeña pila lo lancé al suelo para quebrarlo. Entonces la música se intensificó, el ritmo se aceleró y el volumen era mayor.
Absolutamente presa de pánico empecé a pizotearlo. Ya no podía detenerme. La pila salió volando y el juguete espantoso seguía sonando. Lo deshice, lo hice pedacitos hasta que por fin se calló. Recuerdo que recogí todas las piezas y las tiré en una bolsa que saqué de la casa. Antes, revisé si no tenía otra pila oculta que explicara la razón de que siguiera sonando, pero no la encontré.
Nunca me pude explicar cómo aquel juguete funcionó sin pila, y les aseguro que nunca antes un inocente juguete me llegó a asustar tanto como aquél.

miércoles, 25 de febrero de 2009

El autógrafo

Una de las más grandes satisfacciones que me ha dejado el oficio de periodista es que me ha acercado a muchas de las personas que más admiro. Qué lujo ¿no?
Hace muuuuuuchos años, leí un pequeño libro de cuentos titulado "Asalto nocturno", de Eraclio Zepeda, y me encantó. Con el paso de los años fui leyendo más sobre él, pero confieso que no volví a comprar su obra. Le perdí la pista hasta que, de pronto, el año pasado se anunció su presencia en Filgua.
Así que no dudé en gestionar una entrevista exclusiva la cual, dicho sea de paso, me confirmó lo que siempre supe de él a través de sus letras: es un ser humano extraordinario. Quizá no lo pude reflejar en mi texto, pero el punto no es ese sino la historia para hoy.
Aprovechando que estaría conversando con él, me fui al stand del Fondo de Cultura Económica y compré los tres títulos que tenían de Zepeda en ese momento. Así, libros en mano, aprovecharía la entrevista para pedirle un autógrafo.
No había condiciones para la entrevista, así que don Eraclio no tuvo reparos en aceptar que nos sentáramos en dos banquitos fuera del stand del Fondo.
No hubo hielo que romper, su trato es amable y cariñoso. Le mostré los libros y se alegró mucho, así que dijo que los firmaría a lo largo de la entrevista.
Esos tres autógrafos resumen cómo a lo largo de la charla la empatía, la simpatía, se apoderó de los dos:
"Las grandes lluvias": Para doña Nancy Arroyave con la gran alegría de conocerla, Eraclio Zepeda (Filgua... etc.)

"Asalto Nocturno" : Con alegría firmo este ejemplar para Nancy, Eraclio Zepeda (etc.)

"Tocar el fuego": Para Nancy, que ya es mi amiga, así de pronto y eso me hace feliz, Eraclio Zepeda.

¿Lindo, no?

lunes, 23 de febrero de 2009

Encuentro con la Siguanaba

Queridos todos
Antes que nada quiero ofrecerles disculpas por haber abandonado el blog por unos días y no haber publicado la historia de miedo el viernes pasado. Por eso va mi disculpa especial para Aarón Lechuga quien había enviado la historia para dicha cita de misterio. Pero como cualquier noche es buena para los cuentos de aparecidos, aquí les dejo este encuentro con la Siguanaba. Feliz noche...


Para Navidad y año nuevo la familia de mi ex se reunía toda en su casa. En serio que eran uuuuuuun montón, pero igual me llevaba bien con la mayoría. Los más patojos, nos poníamos a ver quién aguantaba más tiempo desvelado. Claro, yo tenía experiencia ya que como había pasado tres años estudiando arduamente, me desvelaba mucho. Entonces pensé: un día más de desvelo no me matará y además les podía ganar a todos.

Justo pasadas las doce, luego de ir a mi casa corriendo a saludar a mi mamá (jajaj eso sono como aquella canción vieja), pasaban por mí y nos íbamos a ver quién ganaba la apuesta. Ese año nos pusimos a contar historias de miedo para asustar a algunos y que se quedaran dormidos o desistieran de la apuesta. Claro yo conté la historia de la Siguanaba, un personaje que llegaba al patio de las casas y se bañaba a guacalazos. Les dije que se escuchaba como si alguien estuviera tirando agua sobre el piso del patio y que cuando iban a revisar no había nadie, solamente se sentían escalofríos y el patio estaba húmedo, no mojado pero sí húmedo.

Fue en ese instante, cuando estábamos justo en medio del padio de todas la casas, cuando me quedé callado y escuché perfectamente que estaban tirando agua en la vencidad. Si uno se paraba sobre la pila de la casa de mi ex, se podía ver el patio de la casa de la par, debido a que la pared no era muy alta.

Les aseguro que lo pensé mil veces antes de hacerlo, pero me arriesgué, me subi, y empece a buscar de dónde venía aquel sonido de guacalazos. No sabía qué esperaba ver, pero de pronto vi una silueta en medio de la oscuridad, parecia una persona adulta, pero la poca luz impedia que lo viera bien. De un instante a otro la persona o ente que estaba tirando el agua se detuvo y note que empezó a caminar hacia donde yo me estaba. Claaaaaro que no esperé a ver si se acercaba más, solamente pegué un salto de la pila hacia el suelo y sin decir mayor cosa les dije a todos que mejor entrábamos a una casa, y sin preguntarme todos nos metimos en la sala de la casa del tío de mi ex.

Debido a la cara de susto que tenía todos se dieron cuenta de que no estaba jugando y por desgracia nadie ganó la apuesta, ya que nadie pudo dormir esa noche, de pensar que se nos iba a aparecer algo. Yo no esperaba que se me apareciera ya la habia visto y no deseaba verle el rostro, solo de pensar cómo sería o qué sería. Esa vez sí me asuste bastante.

miércoles, 18 de febrero de 2009

Kerosene: memorias de rápida combustión II

Mis queridos amigos, he perdido el ritmo ;o) pero afortunadamente siempre hay almas piadosas que comparten sus historias citadinas. Así que los dejo con esta de la saga de Kerosene. Disfrútenla y ríanse un poco con las cosas del querido Chente.

Insultos equivocados

Esta historia es parte de una serie de anécdotas llamada “Crónica de apartamentos”, de cuando mis hermanos y yo vivimos solos (2003-2008) en diferentes edificios de la ciudad. A continuación, algo que sucedió hace ya unos cuatro años, cuando vivíamos en el tercer nivel de un apartamento frente a la Reforma.
En aquella época pedíamos comida a domicilio y pocas veces cocinábamos, éramos un desastre nutricional… sin contar otras irresponsabilidades. Yo aún no trabajaba, y pasaba mucho tiempo en la casa con mis dos hermanos.
Era la hora de almuerzo, un día entre semana. Mis hermanos ordenaron una pizza, de esas de 30 minutos o gratis. Luego de llamar al restaurante, uno de ellos, “JD”, habló por teléfono con un amigo suyo que lo venía a visitar, y que estaba “a unas cuantas cuadras” del apartamento. Este amigo informó a mi hermano que iba a llegar rápido a la casa, así que al cabo de unos 10 minutos (no recuerdo bien exactamente, pero fue bien rápido), tocaron el timbre. Mi hermano JD descolgó el intercomunicador, apretó el botón que abría la puerta del edificio, y gritó, creyendo que era su amigo:
“¡Subí, cerote!”
Silencio.
Yo tenía la costumbre de asomarme a la terraza cuando alguien llegaba, así que al ir a ver, me quedé de piedra porque ahí estaba la moto del repartidor de pizza. Cuando entré a la sala para contarle a mi hermano, éste seguía gritando por el intercomunicador:
“¡Apachá la puerta, hueco!”. Para abrirse, el portón del edificio tenía que empujarse fuertemente, al mismo tiempo que se sujetaba la manecilla y se abría desde el intercomunicador, porque se acababa de estropear. Mi hermano le estaba explicando al repartidor (quien no respondía), creyendo que era su amigo.
“¡No, mula, es el de la pizza!”, le dije a mi hermano, callado y preocupado. “La cagaste”…
Mi hermano simplemente se “hizo el loco” y se fue a su cuarto, y me tocó esperar al muchacho de la pizza (ahí si les convenía aprovecharse de que yo era “el mayor de los tres”). Cuando el repartidor tocó la puerta y le abrí, lo primero que le dije, muy apenado, fue:
“Disculpe compa, es que creíamos que era otra persona que estaba aquí a la vuelta”.
El muchacho de la pizza, muy tranquilo, muy humilde, e incluso apenado también, me dijo
“No se preocupe”. No recuerdo más, pero creo que intenté compensar lo mal que me sentía, y la “metida de pata” de mi hermano, con más propina. Esa vez aprendimos a no responder el intercomunicador sin preguntar primero quién era, aunque estuvieran cerca.

sábado, 14 de febrero de 2009

Sábado literario

Queridos todos,
Quien me conoce sabe que lo mío no es la literatura, sin embargo, me enganché con un proyecto de Mercedes, así que los sábados hago mis pininos literarios intentando producir un cuento cada vez. El de hoy corresponde a la serie "La vida de las cosas", pero por ser el día del cariño había opción de escribir un cuento de amor. El mío, como no estaba preparada psicológicamente, es de desamor.

Los dejo con un
ROMPIMIENTO

¡Eres un tonto! Un tonto y un desconsiderado. Siempre lo he dicho pero mi opinión te vale madre. Conduces como un enfermo mental, abusas del licor, de tus reflejos, de mi motor y de mi diseño reciente. ¿Eres sordo? ¿No oyes cuando mis pobrecitas llantas claman piedad en cada curva que agarras a 100kph? ¿No escuchas mi motor cuando te grito que ya no tengo una sexta velocidad?
¿Acaso eres ciego que no puedes ver cuando te advierto que vas por encima de la velocidad máxima permitida? ¿Eres tan ciego que no ves los pidevías de los demás, los semáforos en rojo, las señales de tránsito en general?
Dices que soy una chatarra que no sirve, cuando me rehúso a cooperar. Me golpeas, me insultas. ¿Qué clase de vínculo podría nacer entre tú y yo?
Lo siento, es hora de terminar. Crees que esta vez sí te desharás de mí y me venderás al mejor postor. Ignoras, pedazo de tonto, que es a mí a quien se le acabó la paciencia. Hoy no arranco. No señor, no se me da la gana arrancar. Te fregaste, te va a salir caro. Aunque te deshagas de mí te voy a hacer pagar caro el trato que me has dado. Esto incluye pago de grúa, pago de taxi para ir a trabajar y el pago del anuncio clasificado (cuyos precios están por los cielos) para venderme.
¿Cómo te quedó el ojo?