Ayer escuché en la oficina que una chica llamada Rihanna (no sé si es cantante, modelo o actriz) volvió con su novio, un troglodita que hace poco casi la desfiguró de una golpiza. Entonces no pude evitar preguntarles a mis compañeros de la oficina "¿De dónde es Rihanna?" Si no mal recuerdo, me dijeron que de Barbados o algo así. Entonces agregué (confieso que con más ironía que ingenuidad): "yo pensé que era guatemalteca".Y es que esa historia de la mujer que sigue al lado del imbécil que la golpea es tan común en este país que aún no sale del feudalismo, el canivalismo y todos los males terminados en ismo.
No sé si es leyenda urbana o si el caso es tan común, pero dos amigos míos me han contado que han intentado intervenir en una golpiza que un hombre da a su mujer y que ésta ha respondido "usted no se meta, él es mi marido y tiene derecho".
Alguien más me contó que no pudo evitar llamar a la policía y que, al llegar los agentes, la mujer negó (con los grandes moretones en la cara) que el tipo la hubiera golpeado...
Y bueeee, justo algo parecido me tocó ver hace un par de meses, más o menos. Fue una noche de sábado cuando alrededor de las 00.00 horas iba con mi nena pequeña a recoger a mi hija mayor a una fiesta.
Al pasar por una calle oscura, vi que un tipo y una mujer golpeaban y llevaban por la fuerza a una jovencita que no tendría más de 18 años. Ella se resistía a acompañarlos y mientras la mujer la sostenía, el hombre la golpeaba.
Lo siento, no puedo dejar de involucrarme, no entiendo cómo hay gente que puede pasar indiferente ante estas escenas. Como era tan tarde e iba con mi hija pequeña, regresé con el súper chévy y les encendí las luces altas. En ese momento ya no la golpeaban sino que cargaban su cuerpo agotado. Pero como no me podía bajar, decidí regresar a una pequeña estación de policía que está a unas tres cuadras. Allí le avisé a los agentes de la situación. Ellos no tenían un vehículo en ese momento, pero se comunicaron por radio y yo retomé mi camino. Cuando volvíamos por el lugar donde vimos ese problema, ya no estaban, pero a unos metros había un vehículo con las puertas abiertas. Supuse que allí la habían llevado.
La patrulla apareció en ese momento y yo seguí mi camino pensando que ojalá se resolviera todo.
Recogimos a mi hija mayor y unos 50 o 60 minutos más tarde, cuando volvimos a pasar por el lugar de los incidentes, vimos que la patrulla se alejaba en ese momento del lugar. Qué suerte, pensé. Ojalá se hayan llevado a los victimarios.
Mi sorpresa fue enorme al ver salir del auto que tenía las portezuelas abiertas a la joven golpeada, de la mano de su agresor.
Agrrrrrrrrrrrrrrrrr, me dije, ¿hasta cuándo las mujeres aprenderán a respetarse un poquito?







