martes, 6 de enero de 2009

Reyes y magos


No es porque sea mi familia, ¿o tal vez si? pero la considero muy especial. Ya les he dicho que el mío era un hogar integrado donde se respiraba mucho amor.
Mis papás nos hicieron creer en Santa, en el ratón de los dientes, en los reyes magos, etc. Creo que nosotras (mis hermanas y yo) vivíamos como en Disneylandia…
Hoy les contaré cómo fue que hicimos que todos los vecinos creyeran en los reyes magos.
Nosotras éramos muy amigueras. Mi casa siempre fue el punto de encuentro de muchos vecinitos que llegaban a jugar. Las hijas de la señora de la tienda de enfrente, los hijos de la que vendía tortillas, las hijas del carpintero, y muchos otros niños y niñas que vivían en las casas vecinas se daban cita en mi casa a lo largo del año y no digamos en las vacaciones.
Un lejano año de la década de los 70, luego de la navidad y el año nuevo, cuando se acercaba el día de Reyes, platicábamos con nuestra legión de vecinos y les preguntamos si estaban listos para recibir a los reyes magos. ¿Y a qué llegan a las casas? Preguntaban nuestros interlocutores extrañados. Ellos sabían que los reyes magos habían existido hace cientos de años y habían llegado a Belén a dejarle regalos al niño dios, pero no sabían que seguían vivos y que incluso llegaban a las casas de los niños comunes a dejarles dulces y regalos siempre que dejaran los zapatos bajo el árbol.
- A mi casa no llegan, decían unos
- A la nuestra tampoco, decían otros
Nosotras simplemente no lo podíamos creer. ¿Cómo era posible que viviendo tan cerca no les dejaran regalos a ellos también?
- Debe ser porque ustedes no dejan sus zapatos debajo del árbol, pensábamos
Así que les dijimos que llevaran todos sus zapatos y que los dejaran debajo de nuestro árbol, así los reyes magos se darían cuenta de que había más niños y les dejarían sus regalos.
Como éramos pequeñas y despreocupadas, no puedo recordar la cara de mi pobre mamá cuando le dimos la buena nueva de que una legión de muchachitos llevaría sus zapatos a la casa el día de reyes. Y tampoco puedo imaginar la cara de mi papá cuando mi mamá le transmitió la decisión de sus hijas.
Por supuesto que mis padres no se negaron y quién sabe con cuánto sacrificio consiguieron juguetitos y dulces para todos, incluso para el enésimo hijo de la señora de las tortillas, bebito que tenía sólo unos días de nacido.
En la víspera del seis de enero, no sé cuántos niños llegaron a mi casa para dejar bajo el árbol sus zapatitos viejos, algunos llegaron incrédulos y otros llenos de emoción.
El día de reyes todos los pares de zapatos amanecieron con obsequios y golosinas. Deben haber sido juguetes muy sencillos, pero cuando uno es niño es feliz con lo que le den.
Desde aquel día, cada año (durante no sé cuántos años) muchos vecinos siguieron llevando sus zapatos a casa.
Menos mal crecimos (dentro de nuestras limitaciones genéticas, claro está) y dejamos de dejar nuestros zapatos y los de los demás para alivio del bolsillo de mis padres. Pero cuando recuerdo aquellos días no puedo dejar de pensar que mis papás quizás no sean santos, pero sí son unos reyes y, además, magos.
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17 comentarios:

JOHAN BUSH WALLS dijo...

Hola Nancy, feliz año 2009. Encantadora historia. Ojalá nunca perdieramos la inocencia infantil. Yo por eso me defiendo inventando pajas.

Salú por los reyes magos pue.

Abril dijo...

Hay Nancy! me sacaste lagrimas. Que ternura de historia por Dios.
Que bendicion tener unos padres asi, que no solo alimentaban la imaginacion de sus hijas, si no la de tooodos los vecinos.

Me hiciste recordarme de mi princesa, el otro dia en un centro comercial me dijo: Llevame ahi con ese Santa, y para que? (le dije yo) Porque necesito ponerme de acuerdo con el, sobre su visita a la casa y decirle algo mas sobre los regalos..... Como es la inocencia verdad?

el Kontra dijo...

Bellísima historia, es mágico sacarle una sonrisa a las nenas y nenes. Me encantó el final. Abrazos.

patricia dijo...

Ahh que bonita historia de verdad!! y que buena onda tus papás porque no creas, otros hubieran sido y las regañan o les cuentan la verdad, que se yo.
Imagino -bueno casi aseguro- que ese don de gente y calidad de persona que tenés lo heredaste de tus papás.
Patty

Fernando Ramos dijo...

Tienes una forma tan genuina de contar las historias, dentro de esa aparente ingenuidad hay transparencia.

Bien por las historias citadinas.

Saludos

Roberto dijo...

Es una historia hermosa realmente espero que sigan siendo una familia unida.....

la-filistea dijo...

Tengo una amiga a la que le dije que sus letras me daban paz, es Ale desde Kinshasa... te recomiendo su blog!
http://desdekinshasa.blogspot.com/

Y ahora entro aquí y me pasa lo mismo, creo que volví adicta a las historias citadinas.Has pensado en poner cafe con cemitas en la entrada para los cafeinómanos como yo?

Buena onda tus papás -repito lo que dice Patricia-.

el VERDE !!! dijo...

Nancy, tus padres y los míos hubieran sido los acompañantes perfectos pa los reyes magos.

Esta historia me recuerda a muchas q presencié a lo largo de mi infancia.

Alexxx dijo...

a la gran, que buenisima onda tus papas, jajaja le tenian que hacer ganas para conseguir juguetitos para todos los ni;os, que bellas epocas verdad, y mas bello es recordar!!!

Cristian Mejia dijo...

Linda anecdota, a mi siempre me gustaron los reyes magos, siempre dejaban algo en mi zapato o en una bota de hule
( de aquellas de campesino"siempre yo exagerado") Saludos y que buena acción.

Becca dijo...

yo creo que son unos santos.. todo por la inocencia de los niños que no tuvieron y enseñar a los propios a compartir con todos
Un dia atrasado, pero feliz dia de reyes para ti

SETH dijo...

A tus papas los admiro, a mi me hubieran mandado a freir esparragos, jejejeje, pero bueno yo si nunca crei en los reyes, es mas no supe de ellos hasta hace unos años jejeje

Isold (Tamboni) dijo...

Se ve que sois buena gente y generosos.
Tu ahora estas compartiendo tus recuerdos con nosotros.
Besos

Miss Penny Lane dijo...

qué historia tan linda!!! los padres a veces hacen maravillas!!!

cristal00k dijo...

Tierna historia Nancy. La buena gente, está siempre dispuesta a compartir. Seguro que disfrutaron tus padres, tanto o más, que vuestros amiguitos.
Besos.

Antón Abad dijo...

Me gustaría que viera la cara de lelo que se me ha quedado Nancy. Esto me confirma algo que siempre pensé, que cuando se da amor, este termina llegando a quienes se aproximan a sus destinatarios; y que la gente buena y maravillosa, lo es desde pequeñita, como espejos que irradian la luz que reciben. Una ola de amor a sus padres y a Ud. y a sus hijas, acaba de acariciarme. Gracias querida por esta tierna historia.

Luisa Arellano dijo...

No veas la rabia que me da no haberte comentado esta preciosa y tierna historia. Supongo que la culpa debe ser por que muchas veces leo y tengo que apartarme del ordenador, con lo que pienso que comenté y en realidad no lo hice.

Me encantó, de verdad.

Un beso