martes, 14 de octubre de 2008

Con sello de carnicero

Como periodista he cubierto distintos tipos de noticia, pero nunca la nota roja. Tampoco soy lectora asidua de este tipo de información. Sin embargo, cuando estuve al frente de la página web del medio para el que trabajo, tenía que lidiar con este tipo de información a cada rato para actualizar la web.
Pues bien, en un país como éste es fácil encontrar material para historias de terror. Y ya que dos de los blogs que leo han publicado recientemente historias de carniceros, yo los dejo con un par de recuerdos de esta naturaleza.
Una de las notas que vino a mi mente me impresionó por tres cosas: primero, porque el escenario fue una colonia o caserío llamado La bendición de Jesús: segúndo, porque el hallazgo de una cabeza y un brazo humanos lo hicieron niñitos de una escuela del lugar, y tercero porque quien ayudó a los fiscales del Ministerio Público para la identificación del cadaver fue un carnicero que se encargó de lavar, con la mayor naturalidad del mundo, la cabeza y el brazo de la víctima.
Cierto es que no es una historia en sí, pero son recuerdos que no se borran fácilmente.
La otra nota habla de un horrible crimen en la colonia El Paraíso (y dale con los nombresitos), de la zona 18. Resulta que desde las primeras horas del día, vecinos del lugar se horrorizaron al descubrir el torso de un hombre. A lo largo de la mañana fueron recuperando los pedazos, como si de un rompecabezas humano se tratara, hasta casi completar el cuerpo. Se trataba del "janano", mote que le daban a un pandillero que se dedicaba a cobrar el famoso "impuesto" a los comercios del lugar.
No fue difícil dar con su victimario. Las gotas de sangre condujeron directamente a la carnicería de Miguel Ramírez Zacarías, de 42 años, donde los fiscales encontraron más evidencia que lo incriminaba.
Al parecer, el desollador se cansó de las extorsiones y les puso fin con su sello de carnicero..

5 comentarios:

El Kontra dijo...

Hay que tenerle cuidado a los carniceros. Como es eso que tal vez si las colonias tuvieran nombres como La Soledad o Las Tinieblas tal vez no pasran cosas malas.
Por último, que excelente dibujo, no se cuanto tiempo te tomo pero yo hubiera pasado unas cuatro o cinco horas y hubiera hecho un mamarracho.

Saludos.

Roberto dijo...

Coincido con mi antecesor, el dibujito está muy bueno.
Creo que los carniceros intimidan con sus hachas y los filosos cuchillos. Cuando yo era patojo y acompañaba a mi mamá a donde don Chomo, veía asombrado como el filoso cuchillo se deslizaba a lo largo de la carne como si fuera seda. Me gustaba verlo trabajar y atender la demanda de cortes de sus clientas.
La historia de las gotas de sangre me recordaron a Hansel y Gretel.

Nancy dijo...

Tienes razón Kontra con leer algo que no quise escribir sobre los nombres de los lugares. En realidad, ser elíptica me ha costado muchas explicaciones posteriores. Sólo diré que me parece que quienes les pone nombres a los pueblos, caseríos y similares deben tener un sentido del humor muy negro y torcido pues suenan irónicos.
Gracias a ambos por lo de los dibujitos, me entretienen.
Y bueno, en mi barrio atendía la carnicería una mujer: doña Paquita.
Eso sí, tenía un carácter fuerte y tomaba y descuartizaba los cadáveres de los animalitos con mucha destreza.

Alfredo Vicente dijo...

Este es el post que más me ha hecho reír,

pero al mismo tiempo
todos ustedes ya me están creando carnicerofobia.

Muy entretenido, saludos Nancy!

Juan Carlos Lemus dijo...

que vivan las carnicerías.
los nombres de nuestras colonias tienen su propio humor negro. El paraíso, El Milagro...
estas anécdotas que contás están bien chileras. qué barbaridad, el carnicero ayudando de esa manera para encontrar al janano, puts, manuts, qué buena onda.
bien dicen que, como dijo el Innombrable ( hay un nombre de un escritor colombiano que ya no quiero repetir porque está hasta en la sopa y me tiene harto) pues el susodicho decía que culaquier país de latinoamérica era como un macondo donde había toda clase de magia narrativa.

bravo, maestra nancy, que siga la chingadera