lunes, 6 de octubre de 2008

Sorpresas de la web II


Como ya saben, o por si no, internet me ha dejado grandes experiencias. A través de la www he conocido muchísimas personas, quizá las más especiales a lo largo de mi vida.
Pues bien, esta historia se la prometí a Juan Carlos Lemus y es la que habla de cómo conocí a un familiar que llegó a convertirse casi en mi hermano.
Lucio y Ágata
Como soy de esta generación visagra de los grandes cambios tecnológicos, del paso de la máquina de escribir a la computadora, del disco de acetato al cd y de los carteros en bicicleta al correo electrónico, pues comprenderán que llevo mis añitos navegando por el ciberespacio.
Pues bien, hace muchos años participé en un foro en internet sobre el imperio romano.
Dos de los libros que me marcaron fueron Yo Claudio y Claudio el dios y su esposa Mesalina, de Robert Graves, los cuales devoré, junto con muchos otros, mientras pasé mi año sabático en el Hospital General, recibiendo quimioterapia.
Pues bien, al participar en ese foro, el nick de los participantes aparecía con un enlace al correo de cada quien. Así que mi nick Ágata estaba vinculado a un correo de hotmail.
El tiempo pasó y no volví a asomarme por el dichoso foro.
Una tarde, muchos meses después, me preparaba para ir a dar clases a la U. De pronto, como era viciosa de la web, sentí deseos de conectarme y ver quién estaba conectado en el messenger. No había ningún contacto en línea, pero tenía la solicitud desde hacía mucho tiempo de un tal Lucio que deseaba que lo agregara a mis contactos.
Como soy curiosa, acepté y Lucio, que estaba en línea, inmediatamente entabló conversación. Me dijo que había encotnrado mi comentario en el foro sobre Roma y que yo le parecía una mujer interesante.
Chateamos por espacio de media hora, quizá, y luego me pidió que nos conociéramos.
Ya saben que soy curiosa y "Matute" y no pude resistirme a conocer a quien tanto sabía de mis admirados romanos. Así que ¿que creen? Como también soy una gran confiadota en esta era en la que todo el mundo vive con paranoia y grandes desconfianzas, acepté. Y como el otro era más curioso que yo y un gran impaciente, la cita la fijamos para esa tarde en Los Alpes.
Nos dimos los números de celular, pero a ninguno se le ocurrió preguntar el nombre verdadero. Así las cosas, Lucio el impaciente me llamó a medio examen de la U para preguntarme a qué hora iba a llegar a Los Alpes.
Confirmé la hora pues antes debía cumplir con los alumnos.
- Para que me identifiques, mido 1.80, tengo cabello castaño ondulado, tez blanca, etc... Visto un traje gris
- Yo mido metro y medio, cabello castaño ondulado y tez morena clara, le dije. Y agregué que llevaba un vestido negro con una chaqueta beige.
Era una tarde lluviosa, por lo que mucha gente buscó refugio en la misma cafetería.
Cuando llegué, estaba lleno el lugar. Hablé con una señorita que atendía en el lugar, le di las señas del hombre que buscaba y me dijo
-"ya está aquí, en aquella mesa"
Era cierto: alto, castaño, traje gris...
Me acerqué sin saber cómo entablar la conversación. Pero su sonrisa confiada me hizo sentir bien y nos pusimos a charlar como dos viejos conocidos.
Él se me hacía tan familiar que en ningún momento me sentí incómoda o ansiosa. Era mucho más joven que yo y con un aire de intelectualidad muy especial.
Hablamos horas enteras. La charla fue muy amena. Pasamos de la Roma antigua y sus excesos a la Roma actual y sus escándalos, y de ahí a nuestra vidas personales. Pero en ningún momento nos dijimos nuestros verdaderos nombres.
El tiempo se nos hizo corto y no nos dimos cuenta de que éramos los únicos clientes del lugar. Ya todo estaba limpio y listo para que cerraran. Así que nos dimos cuenta de lo tarde que era cuando una señorita llegó a pedirnos que pagáramos.
Como buen caballero, él invitó. Sacó su tarjeta de crédito y escribió sus respectivos datos para la factura.
Como soy miope, no pude ver qué nombre escribió, así que seguía con la duda sobre la identidad de mi extraordinario interlocutor.
Empezamos a caminar hacia el parqueo y la charla seguía amena e interesante. Era como si realmente fuéramos dos grandes amigos.
En una de esas, me preguntó
-Por cierto, ¿cuál es tu verdadero nombre?
- Nancy Arroyave, respondí
- No es cierto, me estás tomando el pelo. Viste cuando coloqué mis datos para la factura... me dijo.
- No, en serio, así me llamo ¿por qué?
-Porque yo también soy Arroyave... Eduardo Arroyave
Era increíble, empezamos a pasar por todas las ramas del árbol genealógico y resulta que su papá es primo hermano de mi papá. Yo lo conocí cuando él era un bebé, pero nosotros siempre hemos vivido en Guate y ellos en Xela.
Ese fue el comienzo de una larga y hermosa amistad que nos unió muchísimo. Llegamos a convertirnos casi en hermanos. Éramos confidentes.
La naturaleza de nuestros trabajos no nos permitía vernos personalmente, pero internet, la gran ramera que a todos nos une (como dice Juan Carlos) nos mantuvo siempre al día, pendientes uno del otro.


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Eduardo sufrió un terrible accidente hace como un año. Fue víctima de la delincuencia que impera en este país. Perdí todo contacto con él y solo tuve noticias suyas cuando en TrovaJazz hicieron un concierto a beneficio de él pues el incidente casi cobró su vida. No sé qué tanto sea cierto, pero unas personas dicen que una bala le atravesó el cuello lesionándolo serieamente. Alguien me habló de paraplejía, incluso de cuadriplejía .
Hablé con su papá y su hermana mientras estuvo hospitalizado, pero luego perdí todo contacto. Qué ingrata me siento, pero les comparto esta historia pues es hermosa y en ella conocí a uno de los seres más lindos que ha llegado a mi vida. Donde quiera que esté, le mando un beso. Ya se lo daré personalmente.

4 comentarios:

Juan Carlos Lemus dijo...

¡Qué bella y conmovedora historia de la vida real, doctora Nancy!
tu karma es indiscutiblemente arroyave, arrollador.
Si fuera yo un monje budista, te diría que se han encontrado de nuevo para concluir alguna charla pendiente.
me sorprende tu historia por varias razones, pero, básicamente, por tres:
1. Lo interesante (sacaré un término dominguero, jaja) que es la historia per se.
2. los milagros de la web uniendo a sus hijos dispersos por la faz de la tierra.
3. la ira ante la delincuencia maldita que cruelmente derriba sueños, corta vidas o tuerce los rumbos.
ojalá y pronto (esto, casi te lo dejamos de tarea) pronto nos escribás sobre tu reencuentro con tu cuatazo y familiar.
ojalá y esté bien. seguramente tu visita le alegrará.


te damos de plazo una semana.

abrazos,


juan

El Kontra dijo...

Muy buena historia y me adhiero a Monsieur Moscardón en que el reencuentro sea pronto y feliz. Saludos.

Nancy dijo...

Mil gracias por las porras, no será tan fácil, pero acepto el plazo impuesto.
apapachos también

earroyave dijo...

...creo que casi 9 años han pasado desde esa tarde lluviosa en los alpes mi queridísima Nancy... tu relato es encantador. la semana que Juan Carlos te dió de plazo se extendió un poco, pero gracias a la bondad de una prima (política) que me regaló un dispositivo que me permite utilizar la computadora con el movimiento de mi cabeza y el internet, fuí yo quien te reencontró y así nos volvimos a ver. por cierto ya te extraño!!! Juan Carlos, tus 3 puntos me resultaron muy atinados.

un abrazo a todos.

eduardo.