viernes, 14 de noviembre de 2008

Una noche de luna llena...




Una de las historias más sorprendentes que he escuchado sobre espantos y aparecidos es esta que comparto con ustedes hoy. Me la ha contado mi papá varias veces tal y como la escuchó cuando era niño directamente del hombre que protagonizó esta experiencia sobrenatural: don Sigifrido Girón.

Cuando mi papá lo conoció en Chichicastenango, don Sigifrido era un hombre acaudalado que usaba un bigote abundante y enrollado con el que pretendía disimular la marca dejada muchos años atrás por algún arma blanca. Mi papá es de Xela, pero vivió algunos años de su infancia en aquel municipio de Quiché pues mi abuelito fue alcalde del mismo.

Pero bueno, no los entretengo más y los dejo con la increíble historia de don Sigifrido.

Hace muchísimos años, quízá a principios del siglo XX, una noche de luna llena llegó a Chichicastenango un jinete acompañado de su perro.

Como al parecer no conocía el pueblo, se dirigió a la estación de la Policía para preguntar dónde podía encontrar hospedaje esa noche. Los agentes le indicaron que ya no encontraría ningúna posada. Pero que fuera a la casa de doña Concha Rodas vda. de Gil, quien quizá accedería a que pernoctara en una casa abandonada de su propiedad.

Así lo hizo don Sigifrido y, luego de hablar con doña Concha, se encaminó a aquella casa deshabitada. La mujer le había entregado una enorme llave para que pudiera entrar.

Se alojó en una habitación vacía. Colocó la silla de su caballo a un lado y dejó que su fiel perro durmiera cerca de él.

A la media noche, algo despertó a don Sigifrido. La puerta de la habitación se abrió lentamente y dejó entrar la luz de la luna. En la penumbra pudo ver perfectamente la sombra de un gigante que se dirigió hacia él y lo tomó de la mano.
Aquella fantasmagórica aparición condujo a don Sigifrido hasta las afueras del pueblo y al llegar a un claro solitario hizo una marca en forma de cruz sobre la tierra.

Al día siguiente, don Sigifrido despertó con dolor en la muñeca, justo donde lo había tomado el extraño personaje. Recordó todo y se preguntó si no habría sido un sueño. Para quitarse la duda, volvió a recorrer el trayecto de la noche anterior y, justo donde recordaba, estaba la marca que dejó el gigante.

Como se imaginarán, don Sigifrido se puso a cavar en el lugar señalado y ¿qué creen? encontró un gran tesoro que fue el origen de su inmensa fortuna.

Contaba don Sigifrido que nunca más volvió a tener contacto con aquel gigante. Pero en las noches de luna llena sentía la presión de una mano estrecharle la muñeca.

6 comentarios:

Alexxx dijo...

que fascinante historia. Recuerdo que la gente de antes decia que cuando uno miraba en la noche una llamita, habia que ir al lugar y clavar una estaca, para al otro dia, ir y cavar, porque ahi se encontraba un tesoro.
Ahora recuerdo una historia de mi abuelo jajaja, se ha ido destapando la caja de pandora de las historias de espantos!!!

Roberto dijo...

Buena historia, lástima que no la leí por la noche sino que hasta hoy en la mañana

Anónimo dijo...

Tus historias siguen siendo mis preferidas, esta me recuerda lo que conto hace muchos años una familiar que vivio en el Puerto de San Jose, dice que en la noche salio a caminar y vio una cosa que brillaba, empezaron a excavar y eran unos huesos que a lo mejor algun perro dejo enterrados ahi. Que tengas feliz fin de semana..........MaR

el Kontra dijo...

Al contrario de Roberto yo me alegro haberla leído antes que anochezca.

Excelente el paint de la historia citadina pasada y este muy bueno, con el gatito negro y el perrito.

Saludotes

http://vashgt.blogspot.com/ dijo...

Que bonitas tus historias, ese Sigifrido debio haber sido mi pariente.. jeje.. creo que todos mas de alguna vez hemos tenido una experiencia extraña pero siempre tratamos de buscarle el lado lógico al asunto y nos hacemos los locos. Qué hubiese pasado si Don Sigifrido no hubiera verificado su sueño? nadie sabe..
Gracias Nanci por esas historias citadinas.

Nancy dijo...

Alexxx,tienes razón. De esas historias tengo varias. Incluso en la casa donde mi mamá se crió había una parte que brillaba. La gente le decía a mi abuelito que excavara pues podía haber un tesoro, pero nunca quiso. Luego, tras la Revolución del 44 perdió su bella casa y quién sabe qué sería del lugar donde se veía el brillo.
Lástima, Roberto. El próximo viernes no te pierdas una nueva historia de aparecidos.
MaR, como siempre, bienvenida. También tus historias me encantan.
Kontra, mil gracias. Kontra tenías que ser, jajaja
Gracias a ti Vash. Tienes razón, la mayoría de personas trata de encontrarle explicación lógica. Yo era así, pero después me di cuenta de que son más interesantes si las historias si se les deja ese aire de misterio.